martes, 30 de agosto de 2011

"ENFOQUES"


UN SÍMBOLO QUE LLEVA ADELANTE UN PROCESO DETENIDO

Ella, una mujer adulta en edad madura está tratando de hacer un ejercicio de Enfoque. Me ha dicho que anda cagando una historia muy dolorosa desde que era niña. Yo la acompaño a enfocar. Localiza en su bajo vientre una sensación extraña que la intimida y que de alguna manera su semblante expresa como una aguda tensión. Le pregunto si puede acercarse a esa sensación y me dice que no.  Entonces le digo que si podría ser amable con ella y me dice que no. Le pregunto si podría saludarla de lejos y me dice que no. Entonces se me ocurre sugerirle que si le podría llevar respeto a ese lugar. En ese momento cambia su rostro y me dice ¡Respeto sí! Le digo que simplemente vea cómo se siente darle respeto a eso que está sintiendo. Pasan unos minutos, su tensión generalizada va desapareciendo. Le pregunto si está bien dar un paso más y me dice que no que ya todo está bien. Terminamos el ejercicio con un cierre de agradecimiento y al abrir los ojos le pregunto ¿Qué se siente bien hacer ahora? quizá dar unos pasos… compartirme algo de su proceso, quedarte en silencio con eso… ver por la ventana... Ella, levantándose de su silla y abriendo completamente los brazos me dice: ¡abrazarte! Nos quedamos fundidos allí envueltos en mutuo agradecimiento, ternura, delicadeza, cariño…
Luego me platicó que había sido abusada sexualmente de niña y que la palabra “respeto” había sido el símbolo perfecto para atender ese lugar que guardaba tanto miedo, vergüenza, culpa… Y que había sentido que necesitaba abrazarme en mi calidad de varón por haber estado presente a ella en los momentos de atender cómo llevaba su cuerpo aquél doloroso asunto. "Desde entonces, -me dijo-, me la paso abrazando confiadamente a todo mundo..."


MIS LENTES PERDIDOS

Voy a Los Viveros de Coyoacán por la mañana. Camino dejándome conducir por mi cuerpo, adentrándome cada vez más en el lugar. Quedo parado frente a una depresión del terreno. Siento que ese es el sitio apropiado.
Me viene hacer allí la oración de los Lakotas (Siux). Me quedo sintiendo y recibiendo el Amor hasta que mi corazón late emocionado desbordándolo con mis manos por todo mi cuerpo. Se nublan mis lentes con la emoción, me los quito y los pongo en la bolsa de la chamarra. Pongo los pies en el agujero y me quedo recostado en la hierba sintiendo no sólo unas tiernísimas caricias en mi pecho sino que toda mi piel es acariciable. Quedo volteado hacia arriba y permanezco allí disfrutando el panorama que ahora se me regala: las ramas meciéndose, los picos de los árboles, los pájaros con sus trinos, el cielo...
Es hora de regresar, me levanto y me dirijo a la salida, estoy llegando a la vereda final. Mis lentes, ¿dónde están? Regreso, diciéndole a mi cuerpo que me lleve a donde se me cayeron, pues él sabe bien dónde estuve minutos antes.
Se me hace tan fácil encontrarlos, basta que mi cuerpo me conduzca hasta allí. Sigo adentrándome y comienzo a sentirme confundido. Entonces trato de recordar dónde había estaba parado, ayudándole un poco a mi cuerpo. Mi mente trabaja al máximo, comienzo a sentir enfado, algo de  malhumor. Ansiosamente le pido a mi cuerpo que él me los entregue, pues si no, tendré que comprar otros lo que me molesta pues no cuento con repuesto para ir al trabajo. Entonces viene algo de angustia. Llego a donde pienso que estuve pero en realidad no reconozco el lugar.
Entonces pongo en marcha otro plan (mental): regresar a la puerta por donde entré para que desde allí mi cuerpo sabio retome el camino correcto. Lo hago y desde allí me pongo a caminar, pero unos pasos después viene confusión a la que ahora se agrega enojo contra mí mismo por no haber marcado el punto desde donde estaba regresando. Sigo caminando sin encontrar el sitio donde me había recostado. Le pido, casi le exijo a mi cuerpo que me los devuelva pues él “sabe” dónde se me cayeron.
Me doy cuenta de que la cosa no es tan fácil como yo pensaba. Llevo encima: enojo, frustración, ansiedad y cierta desesperación. Finalmente me doy cuenta de la manera irreverente y controladora de estarle hablando a mi cuerpo. Entonces sé que debo comenzar por atender y acompañar todo esto sentido y escuchar lo que venga desde adentro.
Al hacerlo, me viene cierta serenidad y comienzo a darme cuenta que mis pies se mueven en una cierta dirección mientras mis procesos mentales y emocionales se encuentran en su mínima expresión. Algo me dice que mi cuerpo va en la dirección correcta. Llego a un sitio y entonces mis pies se plantan allí. En esos momentos me doy cuenta de cómo y cuándo se me salieron los lentes de la chamarra. Ya sé donde están. Mas bien mi cuerpo lo ha sabido, solo que yo no lo había escuchado, había estado ordenándole que me los diera pero de alguna manera él me dijo, “Así no Juan, trátame con respeto”.
En esos momentos mi mano derecha se dirige, lentamente al pasto, sin que mis ojos hayan visto nada todavía. ¡Los toco!, ¡si, allí están! No lo puedo creer, mi mente se interpone de nuevo, es ella la que no lo puede creer. Me viene el pasaje de la mujer que les dice a sus amigas que acaba de encontrar la moneda que había perdido para que se alegren con ella, no que está feliz sólo por la moneda encontrada sino por el proceso que la llevó a su encuentro.
Entonces me doy cuenta de que yo puedo ya sea bloquear el proceso quedándome en lo puramente mental/emocional, o permitir que se me dé tal proceso entrando por la vía de mis sentimientos y dejando que se forme la sensación-sentida de la experiencia completa. La vía de acceso había sido aceptar mis sentimientos de enojo, de pérdida, de impotencia, de desilusión, de arrogancia, para que la gracia del cambio tuviera espacio dentro de mi cuerpo y que viniera todo lo demás.
Fue impresionante ser testigo de ver cómo mi mano se alargaba y se dirigía a donde todo mi cuerpo sabía que estaban los lentes. Antes había estado trabajando mi mente analítica, ansiosa, exigente, controladora, con resultados frustrantes.

***


UNA CALIDAD DE ACOMPAÑAMIENTO QUE PERMITE
QUE EL PROCESO SE DÉ EN MÍ
(ENTRANDO EN "EL AGUJERO DEL CONEJO)"*

Curso de Focusing-2, me acompaña C. Me siento tenso al comenzar. Oigo mi zumbido pertinaz, lo acompaño y visualizo en un rincón de una enorme, desierta y tenebrosa habitación, una figura humana masculina. (Al quedarse impactada C. por lo que estaba sucediéndome, la auxilia C. Á. que es la instructora, acompañándome a enfocar) El hombre está en los huesos, en total aislamiento y soledad; tiene negro, como quemado todo su cuerpo. El fondo es violáceo, oscuro, tétrico.
Intento acercarme por indicaciones de mi acompañante pero él me lo impide. Con una mano se cubre los ojos como si no quisiera ni siquiera verme y con la otra me rechaza diciendo violenta, rabiosamente: “¡Retírate! ¡No te acerques!” pareciendo estar en pánico. Yo también tengo miedo de acercarme a ese ser carbonizado. C. Á me propone que permanezca a la distancia apropiada de él ofreciéndole "todo mi respeto". Esa resulta ser la clave.
Al permanecer allí veo cómo aquella figura humana está transformándose en algo que ahora parece un embrión y luego un feto en desarrollo. Me viene el recuerdo de lo inoportuno que fui, a los ojos de mamá, que yo estuviera en su vientre cuando se dio cuenta de que estaba embarazada de mí, pues "mi hija es aún muy pequeña” como le dijo mamá al médico que le hizo el diagnóstico de mi embarazo.
Intento tocar ese ser en desarrollo, pero algo me lo impide, pues está como cubierto por algo. Todo lo que me permite es que me acerque y lo abrace tierna, delicadamente, pero no directamente sino como si hubiera un halo que lo separara de mí. Le llevo física, corporalmente un mensaje de amor y de ternura; lo recibe. Estoy en lágrimas, tras haber podido acompañar, sostener, abrazar, a ese “inoportuno” ser en gestación.** Sintiéndome lleno de esperanza de poder cambiar hacia algo mejor, al abrir los ojos todo mundo está impresionado por lo que acaban de presenciar.
Han sido todas las imágenes tan vívidas, tan claras, tan reales dentro de mí, que al abrir los ojos y ver lo de fuera me pregunto qué tan real es todo lo que ahora veo por la ventana: el cielo, las nubes, los árboles, el viento meciendo sus ramas, el canto de un pájaro... trato de ubicar la realidad exterior al sentir la tela del brazo del sofá, los muebles de la habitación, las personas que están ahí con el impacto que veo en sus rostros. Para mí lo interior ha sido infinitamente más real que lo exterior. Me digo con humor: antes Juan, dudabas que pudieras experimentar algo dentro de ti, ahora dudas de lo de afuera ¿¡qué no te estarás volviendo loco!?
Por la noche voy a la Biblia como esperando una palabra aclaradora o algo así. Con los ojos cerrados la abro poniendo el índice derecho sobre la hoja; abro los ojos, retiro el dedo y leo: “…pues las cosas exteriores son pasajeras, pero las interiores son eternas”. ¡Crece exponencialmente mi impacto! Era el símbolo perfecto que llevaba adelante la experiencia de enfoque que había vivido horas antes; como si el tiempo cronológico no la hubiera interrumpido, o como si el tiempo interior continuara siendo la perfecta continuidad de un eterno y absolutamente real presente.
Días más tarde, me dije ¿qué más dirá ese texto bíblico que habla de lo interno y de lo externo? y al leer el párrafo completo estaba una como descripción de lo que el Enfoque Bio-Espiritual es -para mí-: “Por eso no desfallecemos (no importa que tan difícil pueda ser lo que estemos atendiendo en el Enfoque). Aun cuando nuestro ser exterior se va desmoronando, el interior se va renovando de día a día (la integración que ofrece el Enfoque es esa “renovación”). En efecto, la leve tribulación de un momento (nuestros asuntos inconclusos, difíciles, atemorizantes que enfocamos) nos produce, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna (no hay mejores palabras para expresar lo que es y hace la gracia del Enfoque) a cuantos no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las cosas exteriores son pasajeras, mas las interiores son eternas: 2ª Corintios 4: 16-18.
Me quedó clarísimo que quien escribió eso, estaba hablando de y desde un agraciado proceso interior como lo es el Focusing.
Y así quedó más que colmada mi curiosidad al tiempo que la experiencia continuada me invitaba a mantener abiertos mis sentidos interiores y a creerle a esos benditos procesos que son expresión de una y única realidad.
*Alusión al cuento "Alicia en el país de las maravillas".

      **Cuando le pedí a mi madre (en sus años 90s) su autorización para poner aquí lo que le significó estarme gestando en aquellas condiciones, me dijo: “Sí compártelo hijo, porque eso es la vida.” (¡¡¡¡!!!!)

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ADENTRÁNDOSE EN SUS SENTIMIENTOS/ENCONTRÁNDOSE
A SÍ MISMA

Me habla por teléfono la mamá de una bebita de cuatro meses. Ha ido a la farmacia, le han dicho que tiene amibas y le recetan metronidazol. Le comento que no me parece un diagnóstico sustentado y le digo que necesito verla. La pequeña no tiene síntomas de amibiasis y la exploración física, fuera de cierta irritabilidad, es prácticamente normal. Se trata de una discreta disfunción gastrointestinal.
Pero el estado de la pequeña no concuerda con el estado emocional alterado de su madre. Entonces le pregunto cómo siente lo relacionado con su hija a lo que me contesta que “es una presión en la frente y en los ojos, de adentro hacia afuera y cansancio en mis piernas”. Le pregunto si se sienten como dos cosas distintas o si de algún modo se conectan “Sí se conectan”, me responde. ¿Está bien ir dentro de su cuerpo y atender esto? “Sí... Hay ahí enojo… tristeza…, resentimiento… Enojo y resentimiento de que no me deja entrar”. ¿Puede quedarse allí atendiendo todo esto desde afuera? “No sé”, me contesta. Tal vez le ayude buscar un lugar en su cuerpo en el que no se sienta amenazada por nada de estas sensaciones y desde el que pueda atender lo que surja. Pasan como un minuto. Está tensa, lo veo claramente en su cara. Le pregunto que si ha venido algo y me dice que ya se siente un poco mejor, pero yo sigo viendo la tensión en su rostro. Siento que no ha tocado algo interno; quizá no se atreve a entrar dentro del asunto por la presencia de su marido. Le digo que si estaría bien dejar el ejercicio por ahora y ver si fuera necesario regresar más tarde a ese lugar. Me dice que sí. Salimos ambos de la oficina y yo me voy a comer a casa.
Cuando estoy en el baño me llega un mensaje por el radio-localizador que dice: “Comuníquese por favor con urgencia con la señora C….” en esos momentos suena el teléfono fijo de casa y mi esposa me dice “te hablan”, contesto por el teléfono inalámbrico. Es la mujer que acababa de ver en el consultorio que alterada me dice: “¡Ayúdeme por favor doctor!” tranquilamente le digo: Sí señora, aquí estoy. ¿Ha venido algo más después de dejar el consultorio? “Sí doctor, es algo horrible; he hallado mi monstruo interior”. Su monstruo interior, le reflejo. Y eso ¿cómo, dónde, se siente? “…Aquí en mi pecho, es horrible, ayúdeme doctor!” Estaría bien atender cómo se siente todo esto ahí en su pecho?, le digo. Se queda unos momentos en silencio y me dice: “Es aquí en mi corazón doctor, ¡siento que se me abre!”  Bien, tómese unos momentos acompañando esta sensación en su corazón pues parece que quiere decirle algo más. Pasan unos 30 segundos y me dice llorando de rabia: "¡Es odio..., odio a mi hija, ella vino a destruir toda mi vida. La odio, odio a mi esposo, me odio a mí misma…!” Quiero que vea si puede permanecer allí unos momentos, tan cerca como pueda de todo esto que ha cambiado su vida pues tal vez tenga algo más que decirle. Entonces me dice con intensidad: “No puedo, Ayúdeme doctor. Entonces clama: ¡Dios, ayúdame!” Impresionado le digo: Yo sé la forma en la que Dios le ayuda, estando dentro de usted pero dígame para que necesita más fe, para pedirle que Dios venga y lo arregle todo o para, con su presencia pueda acoger todo esto que está sintiendo. “Para esto –me contesta-, pero yo no puedo”. Dígale a Dios que la acompañe, él allá y yo por teléfono y vea si esa palabra, la odio, que han vendo en relación a su hija tiene algún efecto en su corazón que parece que se  abre. Pasan unos 30 segundos y me dice “… Sí lo puedo hacer…” Se queda con esto unos minutos mientras poco a poco cambia la tonalidad de su llanto. Entonces le pregunto que si ha habido algún cambio y me contesta admirada: ¡Ya todo está bien doctor! “Dígame qué pasó, todo ha cambiado, me siento tan diferente, ¡dígame qué hizo...!” Yo solo la acompañé mientras usted se acercaba a su corazón con todo lo que estaba allí adentro. “Yo necesito saber esto doctor, para mí, para mi familia, ¡esto es increíble!” –me dice. Le digo que lo que ha sucedido es que su cuerpo le ha correspondido a la actitud abierta que ha tenido hacia él. Le sugiero que si se siente adecuado de gracias en su interior por lo que ha recibido. Está de acuerdo en agradecer y terminamos el ejercicio.
La niña sanó de sus síntomas gastrointestinales y desde entonces ha sido muy sana. Al aceptar y asumir su historia esta mujer ahora es muy tierna y amorosa con su hija.
Cuando le pedí su autorización para compartir esta historia con personas que tuvieran dificultad para ir dentro de su cuerpo y atender sus asuntos difíciles, ella me lo otorgó diciéndome: “Sí compártalo doctor, porque lo que lo que más me ayudó para entrar dentro de mí y atender mi asunto fue lo que me compartió de una muchachita muy consentida que cuando tuvo que atender ella sola a su bebita recién nacida, estaba tan abrumada, enojada y desesperada por tener que hacerlo todo el tiempo, que una noche, al llegar su esposo del trabajo le dijo: ¡Qué bueno que llegaste en estos momentos, porque estaba a punto de azotar a la niña contra la pared.” Y que, sorprendido, usted le preguntó ¿¡Y a donde te fuiste!? “A un hotel”, le contestó.
Por siempre estaré admirando y honrando a esta mujer por su valentía y honestidad. Pero más que eso, E. C. me reta a ir dentro de mí y acompañar y escuchar lo más delicado, doloroso, penoso, vergonzoso de mi vida (creo que ella reta también a todo ser humano para que de verdad se atreva a crecer).

***


UN SENTIMIENTO QUE SE DESENVUELVE:
¿DE ADENTRO HACIA AFUERA? ¿DE AFUERA HACIA ADENTRO? ¿A LA VEZ Y AL UNÍSONO EN AMBAS DIRECCIONES?*

Es en los Viveros de Coyoacán. Llevo un asunto personal sentido como algo pesado, incómodo entre el pecho y el vientre. Tiene que ver con eso de que el cuerpo, experimentado desde adentro, nos permite darnos cuenta de una manera sentida, que pertenecemos a un todo más grande que nos incluye a todos y a todo cuento existe. Esto se me hace muy lejos de mi comprensión y más todavía de poder realmente sentirlo, experimentarlo. Esto me pesa, incomoda, irrita… Me siento con esto en el pasto, con los ojos cerrados y mis manos con las palmas hacia arriba como rogando por una respuesta.

Por alguna razón abro los ojos que se dirigen como atraídos por un imán a mi mano izquierda. Allí, ante mis ojos está un mosquito, picándome entre la uña y la yema de mi dedo índice. Le digo que voy en son de paz, que no me haga daño, que me respete y que yo lo voy a respetar también. Como no obtengo ninguna respuesta de él sino que sigue metiéndome su probóscide en mi piel (sin sensación dolorosa alguna de mi parte) con mi otro índice lo empujo delicadamente, levantándole su "colita". Y como ni así me deja, lo empujo más levantándole sus cuatro patitas traseras (quedándose apoyado solamente en las dos delanteras y en su trompita insertada en mi yema). Entonces me doy cuenta que se ha puesto a merced de mis impulsos; entiendo de una manera más que pensada, sentida, que está dispuesto a exponerse a que yo lo mate. Esto me sacude interiormente. Así que en lugar de lanzarlo lejos, me quedo allí acompañando lo que, atónito, estoy (estamos) viviendo. Pasan unos segundos y viene una corriente de afecto muy fuerte entre lo que antes era sólo un insignificante y nocivo insecto y yo; ahora ambos tenemos la misma dignidad de seres vivos en profunda interacción. Entonces y desde dentro de mí, sale decirle: “¡Come!” “¡Bebe”! Cierro los ojos humedecidos por la reverencia que siento hacia él y por lo grandioso del encuentro-regalo. Me quedo allí, no sé cuánto tiempo, agradeciendo profundamente por lo que se me ha dado.
El mosquito ha venido a traerme el regalo de sentirme conectado, conmigo, con él y con el universo. Mi propia sangre ha sido transportada por él al infinito. Mi oración sentida había sido contestada a plenitud y de la manera más intensa, sorprendente, delicada y directa posible, exponiendo él su propia vida y yo compartiéndole mi sangre como sellando una alianza perenne con él, y con cuanto existe. Me quedo allí unos minutos saboreando aquél deleite inimaginable. Cuando abro los ojos ya el Animalito-Mensajero no está. Se ha ido, pero me ha dejado una constancia sentida de que él, yo y cuanto existe somos Uno. Salgo de allí pisando el suelo como caminando entre nubes. Los verdes del pasto, de los árboles, el canto de los pájaros, los olores, la tierra, todo, es una sola cosa en un solo "nosotros".
Más tarde voy a mi oficina, estoy allí, y en un momento de descanso viene la necesidad de salir. Con los primeros pasos, regresa con toda su intensidad (o no sé si mayor aún) la experiencia sentida-vivida tal y como la viví horas antes. Mientras camino para seguir en contacto con ella y con todo lo de afuera, el cielo, la gente, todo con lo que mis ojos y mis sentidos interiores me ponen en contacto, siento todo como una sola, única cosa, y yo EN ella. En un momento dado, levanto mi mano izquierda y... ¡allí está! Es el sitio en mi cuerpo donde ese mosquito, el universo y yo nos hicimos uno. Es un minúsculo punto café-oscuro que ha registrado esta experiencia de plenitud. Vienen lágrimas de felicidad y de agradecimiento a quienes me revelaron este misterioso proceso, primero en palabras, ahora sentido en todo mi ser. Desde esa experiencia puedo ver la verdad, la bondad, la belleza que hay en este mundo en el que nada sobra, en el que todo está bien.
Más tarde, al reflexionar sobre ello me viene que ver al mundo con mi mente ávida de control, me lleva a manipular y despreciar este templo sagrado que somos todos en común-unión. Con ello me vienen las palabras de Eugene T. Gendlin:

“Tu cuerpo, físicamente sentido, es en realidad parte de un gigantesco sistema de aquí y otros lugares, ahora y otros tiempos, tú y otras gentes, -de hecho todo el universo. La sensación de estar corporalmente vivo en tan vasto sistema es el cuerpo como éste se siente desde adentro.”


*Alusión a lo que sucede en el mundo de las partículas cuánticas.


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“FUNDAMENTÁNDONOS EN LO SIN FUNDAMENTO”

Estoy preguntándome que será eso de “fundamentarse en lo sin fundamento”. Viene la imagen de que voy conduciendo un auto por una carretera muy sinuosa y angosta como la de Mil Cumbres (¡por la que transité muchas veces!). Es muy clara la línea que separa el carril de ida del de venida. El “pavimento” se angosta poco a poco hasta convertirse en sólo la línea blanca divisoria. Yo me mantenía sobre ella, era como si siguiera conduciendo el automóvil. En un momento dado es tan estrecha que más bien parece el borde de una hoja de papel. Siento miedo de caer, pero me tranquiliza el darme cuenta que con todo, sigo encima de ella. Entonces con curiosidad miro hacia abajo para ver dónde está asentada esa hoja. ¡Abajo hay sólo vacío! Entonces me doy cuenta que esa es mi realidad, completamente diferente a lo que yo creía que la realidad era.
Entonces viene la convicción sentida de que la Realidad consiste en ir caminando sobre algo así como el borde de una hoja de papel cuyo sostén es un abismal e indescriptible vacío, un misterio, ¡un milagro!

Comentario: esta experiencia apunta a una sana espiritualidad, a una Bio-Espiritualidad. Para entrar en ella es preciso, antes, ¡soltar las riendas del control!


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ES TRANSFORMADA AL ENFOCAR EL
HABER SIDO VÍCTIMA DE ABUSO

Llega a consulta T. F. S. de 13 años con su madre. Me refiere un dolor difuso en el vientre. Se la ve inquieta, molesta. La semiología no orienta a nada orgánico. La exploración física no revela evidencia de algún punto o área dolorida. Algo me lleva a preguntarle si siente que ese dolor tiene que ver con algún asunto importante para ella. Al decirme que "tal vez sí", le pregunto si prefiere que hablemos ella y yo a solas. Asiente, su mamá sale del consultorio y enseguida le vienen lágrimas. Le digo que esos sentimientos son muy importantes y le sugiero que los acompañe donde están, tratándolos con mucha ternura. Cuando me dice que ya lo está haciendo le digo que vea si de alguna manera se conectan su dolor abdominal y lo que está sintiendo ahora, y me dice que sí. Entonces le digo que se mantenga acompañando todo esto tal y como lo está sintiendo. Entonces le viene una imagen: ve una niñita escribiendo en un sitio sólo iluminado por una vela. Al permanecer con ello, viene una imagen-recuerdo: su mamá le ha indicado que se meta a bañar y cuando sale encuentra la puerta de la recámara de sus papás abierta con ellos teniendo relaciones sexuales. Siente una profunda indignación. Llorando de rabia me dice“¡No es la primera vez que me lo hace mi mamá!” Le pido que vea si esto tiene que ver con el dolor en su estómago y al decirme que sí, le pregunto si puede quedarse atendiendo cómo se siente todo esto, mientras intento ser tan empático con ella como me es posible. Se queda atendiendo toda la historia contenida en su sensación-sentida y poco a poco se va tranquilizando hasta que siente que ya está bien terminar el ejercicio de Focusing. El cambio es más que evidente: en su mirada, en su voz, en su semblante, en su sonrisa... ¡Parece haber sido literalmente, transustanciada!
Al final le digo que si quiere que yo hable con su mamá. Muy segura de sí misma y con absoluta tranquilidad me dice que ella lo hará.
Dos días después la mamá me dice que el dolor casi ha desaparecido, pero que el ánimo de T. es “mejor que antes”. Al hablar con T. le pegunto si podría yo compartir su historia con alguna persona que necesitara atender sus asuntos difíciles como lo hizo ella y me dice que sí. Por supuesto que para entonces el dolor abdominal había desaparecido por completo.
Comentario: Qué fácil ha sido para esta adolescente acceder al verdadero núcleo de su problema de salud, y qué fácil hubiera sido si de niños o de adolescentes hubiéramos tenido a alquilen que nos acompañara a atender los más delicados difíciles e íntimos acontecimientos de nuestras vidas donde los llevamos en el cuerpo para que nos cuenten su historia y sean llevados adelante en lugar de llevarlos a cuestas ¡por toda una vida...!

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SANGRE SANADORA...

Yo comencé a enfocar en un ambiente religioso (católico), tanto en mi psicoterapia como en un curso sobe codependencia que tomaba a la vez.
En ese curso, la persona que nos lo daba (M. G.) nos ponía ejercicios que ahora puedo llamar, de “oración enfocada”, invitándonos a ir, con nuestra imaginación, a un lugar especial, personal, -previamente detectado por cada uno-, donde nos sentíamos a gusto (algo así como el Paso 1 del Enfoque Bio-Espiritual), luego nos pedía que invitáramos a Jesús a estar con nosotros mientras traíamos algo de nuestra historia que se relacionara con el tema tratado en la sesión. Esta práctica la repetíamos cada semana. Creo que esas circunstancias tuvieron que ver con lo siguiente:

20-VI-95: Un familiar político estaba por ser intervenido quirúrgicamente. Años antes, cuando la conocí me impresionó su espiritualidad. Tiempo después vino la desilusión junto sentirme como engañado, como traicionado.
El cirujano le dijo que necesitaba un donador de sangre, y con bastante anticipación, mi familiar me pidió que fuera yo su donador.
Algunos años antes y para otra cirugía, esta persona me había hecho la misma petición. Inclusive me tomaron los exámenes preliminares, pero nunca me llamaron para la extracción, ni ella necesitó ser transfundida.
Pero ahora ella me dijo: fíjate Juan que la vez pasada le pedí a varias personas que se tomaran los estudios, pero fueron alrededor de 15 y me salió muy caro, así que como tú y yo tenemos el mismo tipo de sangre, solamente te he pedido este favor a ti.
Con esto, yo empezaba a sentirme incómodo, como acorralado; pero sin otra alternativa, con mis resistencias del caso, acepté. Pero de todas maneras, desde algún lugar recóndito esperaba que sucediera lo mismo que la vez anterior, o sea, que no me llamaran más que para las pruebas básicas de compatibilidad sanguínea.
Pasaban los días y finalmente me dijo. Me pidieron del hospital que mañana te presentes para que te tomen todas las demás pruebas. Lo hice y llené el interrogatorio escrito, cumpliendo con todos los requisitos, lo que mitad me alivió y mitad me preocupó, pues era –como dije antes- candidato único.
Un día antes de la intervención quirúrgica me citaron para la extracción.
Cuando iba al hospital pensaba, tratando de sentir alivio, que como traía un afta en la boca, esto podría descalificarme como donador. Ya en la sala de extracción le pregunté a la persona que me atendía si no sería riesgo para el receptor que yo tuviera aquella afta (de ‘puritito’ estrés, enojo y... miedo). Salió a preguntarle al jefe del banco de sangre si habría tal riesgo. Yo me quedé sentado en la mesa de extracción, sintiendo todo esto mientras llegaba la respuesta.
Allí pude sentir enojo, resentimientos, miedo, junto con  mi renuencia a darle mi sangre a esa persona (a quien yo había puesto años antes en un pedestal) y me puse a decir: tal vez ni se necesite mi sangre. A lo mejor se la ponen a una persona que ni conozco, tal vez hasta se la vendan. Pero al ver que no tenía escapatoria, pensé decir al menos, que con 300 o 400 mL (en lugar de los 600 habituales) era más que suficiente. Estando con esto -como cuando en tus sueños estás hablando con alguien- estoy diciéndole a Jesús: Lo más seguro es que “ella” ni la necesite, que resulte esto totalmente inútil, que mi sangre se tire. Y continué: tal vez pase con mi sangre lo mismo que con la tuya, que ha sido despreciada por tanta gente que la ignora, la desconoce, la desprecia, que deja que se pierda… entonces viene una comunicación interior: “No Juan, de mi sangre no se ha perdido ni una sola gota”. Yo, enojado, respondo: ¡Cómo no! en la flagelación, camino al calvario, en la cruz; al menos eso dicen tus evangelistas... Entonces, mientras (en mi mundo interior) Jesús me acaricia delicadamente la frente, pausada, suavemente, me dice: “No Juan, de mi sangre no se desperdició nada, porque toda, te la di a ti”.
Me siento sacudido por tan tremenda declaración, mi corazón late con una intensidad inusitada teniendo que recostarme por la impresión, mientras y desde dentro viene un como requerimiento interior que me hace extender suavemente mi brazo disponiéndolo para la extracción. En esos precisos momentos entra el médico diciéndome que no hay ninguna contraindicación para que yo sea donador y de inmediato me inserta la aguja. Durante todo el procedimiento y aún mucho después, seguí temblando por el impacto de la experiencia (al transcribir el acontecimiento ahora, se me actualiza toda ella).
Mi sangre sí se necesitó cuando la paciente estaba cayendo en shock durante la operación. El alivio de contar con sangre disponible fue, según me dijo, muy grande para el equipo quirúrgico y para ella.
Al recuperarse completamente, ella me regaló un libro con estas palabras de agradecimiento por haberle dado mi sangre: “Amor es dar vida a los demás. Gracias Juan por la tuya que compartiste conmigo”.
Esta y otras experiencias de Enfoque me han permitido ir sanando mi relación, mi aceptación por esta persona experimentando respeto, aprecio, cariño y ternura por ella.

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EL "AQUÍ-AHORA" DEL ENFOQUE BIO-ESPIRITUAL

Un día domingo, viajábamos de Celaya a México D. F. toda la familia en el automóvil. Era ya de noche y había sido una jornada muy… pesada... pesada en todos sentidos.
Yo había hecho planes para, a esas horas estar ya en casa, así que además de frustrado, me sentía muy, muy cansado, enojado, bronqueado, de malas...
Casi saliendo a la carretera rumbo a Querétaro, me invadió una sensación de sueño tan intensa que pensé hacerme a un lado y despejarme. La sensación se incrementaba al punto de no poder sostener los párpados abiertos por más esfuerzos que hacía. Medio obnubilado, pensé parar y dormir un rato y luego seguir conduciendo hasta el D. F. También, medio pensaba, que si paraba, además del riesgo de estar toda la familia dentro del auto al lado de la carretera, llegaríamos a nuestro destino aún más tarde, yo más cansado y sintiéndome peor aún.
Yo sabía que si seguía manejando así, podía producir un accidente en el que la familia entera estaba en peligro de muerte, pero ni el temor ni el querer ser responsable por mí y por mi familia me quitaba el sueño, sólo aumentaban mi embotamiento, mi malestar y mi capacidad para tomar una sana, realmente protectora y responsable decisión, mientras seguía conduciendo en esas riesgosísimas condiciones.
Al estar con la situación global a la manera del Enfoque, se me hizo presente la sensación física de pesantez en cuello y espalada, junto con el cansancio y sueño extremo que me cerraba los ojos.
Al estar con esto, me doy cuenta de que a mi derecha, tras las montañas, está el lugar del nacimiento de mis padres, y un poco más adelante, a mi izquierda, el lugar donde viví las experiencias mi Curso de seis días de Enfoque Bio-Espiritual. Esto me lleva a contactar las cuatro horas de enfoque continuo que tuve en aquél lugar hacía ya varios años y que entre otras cosas, me reconectó interiormente con mi familia y conmigo mismo. Entonces viene una sensación de proximidad y más que eso, de experimentar que en esos momentos se prolongaba en mí el afecto generado por aquella maravillosa experiencia.
Al atender ya para entonces esta sensación-sentida de globalidad, vinieron estas palabras:
"Vas camino a México".
Esto que ya tan bien sabía, tenía un significado totalmente diferente al venir de mi sensación-sentida, pues yo sentía que no eran “palabras mentales”, sino que venían desde el centro de mi ser y que mi cuerpo estaba tratando de comunicarme algo más que una realidad intelectual, así que me quedé resonando estas palabras con cómo me estaba sintiendo, y curiosamente encajaban perfectamente con mi sensación física. Ellas incluían, de una manera sentida, que me faltaban más de doscientos kilómetros por conducir para llegar a casa, poder dormir, descansar, dejar atrás todo eso…
Al continuar atendiendo aquello, vino una palabra, que traería un significado totalmente diferente junto con una ENORME dosis de admiración y sorpresa:
"(No vas) ESTÁS, camino a México”.
En cosa de milisegundos esto es, instantáneamente, esta segunda parte del mensaje había cobrado vida en mí.
Acababa de suceder algo inverosímil:
Me vino una energía impresionante, una sensación de plenitud y un estado de ánimo absolutamente indescriptibles. Entonces simplemente seguí conduciendo el auto con total relajación, en “completo bienestar” (para decirlo en términos de la OMS) sin nada que se interpusiera entre mí y aquél maravilloso deleite que me inundaba de alegría y gratitud. Mientras todos dormían, yo podía disfrutar el camino sin pretender estar ya en casa. ¡Había desaparecido el sueño, el cansancio, el enojo, el mal humor, el estar culpando a otros...! Era la experiencia plena de lo que en el Enfoque conocemos como el cambio-sentido.
Tras dos horas de camino llegamos a nuestro destino a la media noche. Mi ánimo era tal, que en lugar de ir directamente a casa, pregunté a mi familia si querían cenar algo en un restaurante. En acuerdo absoluto, lo hicimos. Disfruté la presencia y la compañía de toda la familia y de cada momento. Al llegar a casa subí pesadas maletas al quinto piso. Y como seguía con energía me puse a leer por un lapso de una hora más o menos, un libro de poesía mística, descubriendo que la inspiración que la originó hacía cuatro siglos, seguía vigente en ella y era, para mí. Por supuesto que la disfruté como nunca y aún ahora sigue resonando profundamente dentro mí:

"... ¡Oh noche amable más que la alborada,
oh noche que juntaste amado con amada,
amada en el amado transformada..."

"... ¡Oh prado de verduras
de flores esmaltado!
Decid si por vosotros ha pasado..." (...)

Sí, era experimentar una presencia; era una especie de visitación.
Al ir finalmente a la cama me dije: “mañana vas estar muy cansado con todo esto”. Mi sorpresa fue que muy temprano desperté, lleno de energía y con la claridad del regalo-proceso que se me había dado en esa experiencia: el impresionante cambio en mi estado de ánimo, en mi afectividad, en mi capacidad de disfrutar el momento, etcétera. El mensaje claro evidente, trascendente, había sido que el punto, la clave, no es "ir a...", ni "venir de...", sino ESTAR EN. En lo real, en el presente, en el ahora, sea lo que sea que éste me esté trayendo. Ahora sé de una manera no mental sino corporalmente sentida, que el “aquí” y el “ahora” no son términos que hablan de una especial topo/cronología, sino que su verdadero sentido incluye, indica, entraña, un “tiempo interior” fuente de salud, integración, energía, sabiduría, alegría: plenitud. Lo único que hice fue dejar fluir el afecto que había inundado, tiempo atrás aquellas experiencias a un lado y al otro del camino. Allí entendía que el AFECTO es maestro, guía e impulso, que provee del clima interior donde el proceso del Enfoque Bio-Espiritual se da.
Esta lección-aprendizaje me ha permitido tomar conciencia también del referente físico, directo, interior que me invita, me orienta y me conduce, en dirección a mi cuerpo como el sistema que no es sólo capaz de sostener la vida, sino que está continuamente intentando comunicarme su infinita sabiduría y su poder en plenitud. ¡El potencial de cambio está en mi cuerpo, él es mi aquí-ahora!
Entonces entendí a mis Maestros de Enfoque que dicen que la Bio-Espiritualidad a través del Enfoque (el Enfoque Bio-Espiritual) es entrar EN la gloria de lo Real que incluye, como diría san Juan de la Cruz, el 'dejar nuestros cuidados, entre las azucenas olvidados’.

Un comentario:
El filósofo Gendlin descubridor del proceso del experienciar que es de lo que hablan estas historias, sobriamente les llama a estos cambios Mutaciones de Contenido. Gendlin dice que “el cambio de contenido puede ocurrir en pocos minutos o después de meses" (de terapia) (http://www.focusing.org/personality_change.html No. 26).
Al compartirle a mi amigo el Doctor Bruce Nayowith (experto en Focusing y en otras formas de experienciar) algunas de estas y otras experiencias, le asombra que las “mutaciones de contenido” se den en tan poco tiempo y a tal profundidad. Él me ha comentado: "...quizás hay un tipo de transmisión de energía o algo muy saludable. Porque me has descrito muchos casos de sanar de problemas muy profundos, muy hondos –EN UNA SESION de Enfoque! Esto es un nivel de “éxito” muy raro, ¿no lo piensas tú? ¡Los casos que me mandas son milagrosos en verdad!"

Mi querido amigo el filósofo Tomeu Baceló me ha hecho llegar estos cometarios a historias como estas: “Me gustaría transmitirte que tu carta me emocionó y realmente sentí conexión con algo que me suele suceder y a veces le encontramos pocas explicaciones racionales…” “...Llevo años intentando, como filósofo, discernir sobre esta experiencia que ocurre en nuestro cuerpo cuando realmente estamos presentes con/junto al otro y me parece que la empatía corporalmente sentida es la máxima expresión del acompañamientoVeo que tienes una extraordinaria capacidad para esta empatía experiencial y deseo que continúes acompañando los procesos de las personas que más lo necesitan.

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23) 15 a 16-I-96: “EL MENSAJE ES EL PROCESO Y EL
PROCESO ES EL MENSAJE”

 Sueño un valle entre montañas, está anocheciendo, hay unas pequeñas hogueras en ese amplio espacio, la que está cerca de mí tiene una como flecha de señal de tránsito, alguien le da vueltas lentamente sobre la lumbre, como si fuera un animalito que se estuviera cocinando hasta ponerse oscuro, casi negro. Me la empiezo a comer y es un verdadero manjar. Me había dormido preguntándome ¿qué significa eso de que “El Mensaje es el Proceso y El Proceso es el Mensaje”?
Despierto sabiendo claramente de qué me está hablando mi sueño: mis sensaciones-sentidas puestas sobre el suave fuego de la gracia se han convertido en un símbolo que me alimenta, me nutre, me transforma, mientras lo como y lo disfruto. El PROCESO que se da en mí transformando esas señales de tránsito en un símbolo que me alimenta ES el MENSAJE, y el MENSAJE que ME trae este proceso ES el PROCESO mismo que convierte la flecha en mi alimento. Si: El Mensaje del EB-E es el Proceso Mismo de enfocar. Y el Proceso de enfocar es, en sí mismo, ¡el MENSAJE mismo!
Por el hecho de ponerme a enfocar, yo ya soy Mensaje para mí mismo, y el mensaje que viene es el Proceso en sí mismo. Ciertamente el enfocar es algo poderoso.

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25. NUESTRO ACONTECER VITAL ENRAIZADO EN UN SISTEMA MÁS GRANDE.
EL ACCESO A ÉL: EL CUERPO-AFECTO

Recojo a mi hijo menor de entonces siete años de su escuela y vamos por su hermanita a otro colegio. Me pregunta si podemos ir al parque aledaño mientras ella sale, le digo que sí.
Estamos en una esquina y me pregunta ¿por dónde nos vamos?, (por la izquierda o por la derecha), le digo que cuando yo voy al parque de los Viveros, le pregunto a mi cuerpo por dónde él quiere que vayamos: “Le voy a preguntar”, me contesta. Tras unos instantes y mientas se pone a caminar me informa: “Dice que por acá”.
 Apenas habiendo dado unos cuantos pasos, encontramos un pajarito muy pequeño que parece haber caído de una rama; ya tiene plumas, pero aún no puede volar, Andy lo trata de coger, el pajarito se aleja. Yo me pongo frente al animalito y le digo cómo poner su mano delante de él. Entonces lo toma. Le digo: tal vez esté asustado al no tener cerca a su mamá, ¿Le podrías decir que tú lo quieres acompañar, que lo vas a cuidar? (Dando una Presencia Cálida, Cariñosa, Amorosa) Se lo dice verbalmente al animalito, entonces le digo: tal vez no entienda tus palabras Andy, quizá le puedas decir lo mismo pero con tu cuerpo, sintiendo tu cariño. Así tal vez él lo pueda sentir mejor. Entonces lo toma como protegiéndolo; se lo acerca tiernamente a su pecho, lo besa. El pajarito ¡se acurruca en sus manos! (¡Funciona el Afecto!, me digo) Yo estoy boquiabierto. Buscamos su nido y a su mamá pero no los encontramos. Entonces me dice que quiere llevárselo a casa. Le digo que no tenemos dónde ponerlo y que no lo podemos cuidar, entonces me dice que no lo puede abandonar... Llegamos a casa y el portero (no sé como pudo ver dentro del auto) le dice: ¿Qué llevas allí Andy?, le muestra al pájaro, y el portero inmediatamente le dice: “espérame”. Va a su habitación, saca una jaula y le dice a Andy que se la regala para que lo ponga allí (¡!). Llegamos a casa y la señora de la limpieza dice que el pájaro está demasiado pequeño para sobrevivir, pues in siquiera puede comer, que ella tiene una cuñada que se dedica ¡a cuidar pájaros! y que ella se lo puede llevar para que lo críe. Andy accede a que así sea con tal de que cuando crezca él pueda dejarlo en libertad. Así, todo queda resuelto.

¿Casualidades? ¿Conexiones en/con “Un Cuerpo Más Grande”? ¿Una Única Realidad? ¿Sincronicidad? ¿El universo se acomoda? Llámale como tú quieras, pero ojalá tengas acceso a este tipo de experiencias cotidianamente. No tienes que ir muy lejos para experimentarlas. Sólo deja que tu cuerpo te conduzca a ellas.

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27) 28-XI-95: EXPERIECIA EN EL CURSO DE FOCUSING II,
HACIENDO UN ESPACIO PARA MÍ

Estoy haciendo un inventario de mis asuntos como los llevo en el cuerpo.
Siento una leve taquicardia que desaparece rápidamente, antes de poder hablar con ella. Luego viene una sensación desagradable en la garganta, hablo con ella y accede a quedarse por unos momentos de mí, a mi lado; me llama mucho la atención el que me haya escuchado y que yo lo haya podido hacer; luego encuentro una sensación vaga en el estómago que también puede esperar fuera. Contacto otra sensación y lo mismo puede esperar junto a las demás, cerca de mí, bajo mi cuidado. No es tan difícil como pensaba -me digo- sintiéndome aliviado. Sigo buscando y al experimentar un espacio interior libre, viene un profundo suspiro de alivio que me expande el pecho y extiende mi cuello dirigiendo mi frente al cielo. La luz del sol me da de frente y la siento atravesar mis párpados cerrados. ¡Es tan agradable ese tono amarillo-dorado! Me quedo muy relajado disfrutando esa sensación. Me pregunta la persona que me está acompañando que si ya he encontrado un espacio para mí, y con una sonrisa que siento en mis labios le digo que sí. Me dice que me quede disfrutándola un rato. Cuando me doy cuenta esa luz está más bien dentro de mí, en mi pecho, cambiando de tonalidades como si estuviera viva y haciendo latir suavemente mi corazón. Me viene que se trata de una Presencia real que está “en parte donde nada parecía” pare decirlo con san Juan de la Cruz. Allí donde parecía solo haber vacío HAY una Presencia que llena todo mi ESPACIO INTERIOR e irradia una cálida luz. No ha venido de afuera, no entró, estaba allí. En lugar de que yo necesitara acercarme a ella, más bien sentía que debía abrirme a ella y simplemente sentirla, disfrutarla. Vienen otras palabras metafóricas que tienen como efecto el sentirme realmente en casa. Mi estado es de un gozo y una alegría inmensos. Allí comprendí que yo era más, muchísimo más que todos mis asuntos difíciles y mis problemas; que para atenderlos necesito hacerlo desde esa luz interior, con esa Presencia; que antes necesito encontrarme conmigo mismo. ¡Jamás pensé que ese encuentro fuera posible! ¡Y fue tan fácil! Después de cada experiencia de Enfoque me pasa lo mismo, no lo puedo creer, y cada vez mi cuerpo me repite lo mismo: ¡Sólo siéntelo, sólo siéntelo! Y nuevamente el mensaje ha sido el proceso mismo, un proceso que es para mí un nuevo mensaje. Parece que eso es la Vida, que eso ha sido y que eso será hasta el infinito…

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29) 11-XII-95: UN PROCESO EN MOVIMIENTO QUE SIGUE TRANSFORMÁNDOSE EN S-S Y CONTÁNDOME SU HISTORIA

 (Ver No 13). El viernes pasado mi esposa y yo estábamos escuchando el casete de Focusing cuando en el ejercicio del afecto conecté con mi perrito Sultán al sentir muchas ganas y disposición física para jugar con él. Mis músculos estaban dispuestos a jugar con él, tensos, pero esto no concordaba con lo que nos decía P. Ed. acerca de que cuando uno toca esos lugares con afecto hay una relajación. Al escuchar las indicaciones en el cassette para hacer el ejercicio recordé aquella gata que tenía gatitos de todos colores, pequeños delicados, tiernos. Luego me vi acariciando a uno con mis manos, y en esos momentos sentí un CALORCITO en mi pecho, a nivel de mi corazón, muy suave, extraordinariamente delicado, pero muy, muy real. Muy especial. Disfruté mucho esos momentos, poniendo mi mano sobre esa sensación, y con ella una nueva compresión: el recuerdo del Sultán siempre había sido doloroso para mí, pues cuando llegué a casa buscándolo para jugar con él ya no estaba. Todo mundo me dio una razón distinta de su ausencia. Yo lo había tomado como un complot familiar contra él y contra mí, con lo cual perdí la, para entonces, ya escasa confianza que tenía en todos y cada uno de mis familiares. Al sentir ese calor me di cuenta de que podía asumir la totalidad de esa experiencia, tanto en lo negativo de ese acontecimiento como en el gusto que me daba el jugar con mi perrito. La simbolización de la totalidad de esa experiencia dolorosa había venido sin esfuerzo alguno de mi parte, sin habérmelo tomado como un objetivo de enfoque, sin control en absoluto sobre ello, sin que yo tuviera que hacer nada. Solo me permití acompañar a mi cuerpo mientras él lo hacía. Esto me abre perspectivas inmensas. Por un lado me hace ver mi codependencia con toda evidencia, y por otro, que el Enfoque Bio-Espiritual es la vía integrada en mí que maravillosamente me lleva a descubrir sostener y asumir lo que es real en mí como mi propio proceso hacia la salud y la integración.


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42) 10-III-96: LO QUE HACE CHUCHO SÍ TIENE CHISTE...

Siento entre necesidad y deseo de salir de la recámara a la sala. Es de madrugada; tropiezo con el balón de fútbol de Andy. Viene el recuerdo-imagen de alguien significativo para mí que comenta que Chucho, el peluquero, controla una cáscara de naranja con los pies por veintitantas veces sin que ésta caiga al suelo. De 10-11 años, yo le digo (orgulloso de mi record) que yo lo hago con el balón de fútbol setena y tantas veces sin dejarlo caer (yo sé que hacerlo con un balón de fútbol es mucho más difícil que hacelo con una cáscara de naranja), entonces esa persona me dice, con una sonrisa sarcástica que -llevo clavada y- que desbarata mi argumento: “...Pero Chucho lo hace con una cáscara.” Enfoco esto: siento tensión en espalda y cuello, es una carga como de: INCOMPETENCIA, INEPTITUD, INCAPACIDAD. Toco, sostengo todo esto como ahora se siente en mi vientre. Lo acojo, viene otra palabra: DESILUSIÓN de mí mismo, vergüenza de mí. Al acogerla donde se siente, viene un inesperado cambio: ligereza, bienestar, ¡completud!; se lo agradezco a mi cuerpo.
Regreso a la recámara y está allí la pelota de mi hijo, la tomo y la beso con cariño con la sensación de haber recibido un regalo de ella junto con el regalo que el enfoque me traído y  lo agradezco sentidamente.
AHORA SÉ QUE ESTO ES LO MISMO QUE TENGO QUE HACER CON CADA UNA DE MIS EXPERIENCIAS DOLOROSAS, CON MIS, PÉRDIDAS, DESILUSIONES… Todas y una por una, necesitan ser tratadas así. 

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46)  9-VI-96: LA GARRA ATENDIDA POR MI PRESENCIA AMOROSA

Comparto a mis Compañeros de Enfoque cómo me sentí después de que mi esposa me expresó su dolor por haber sentido que la limitaba en lugar de apoyarla en su decisión de trabajar. Lo primero que viene es una sensación como de asfixia y una como opresión en mi corazón. Al acompañarlo viene una imagen-sensación. Es una mano negra, más como una garra, huesuda, como carbonizada que estruja, constriñe mi corazón. Siento miedo…, lo atiendo, le ofrezco mi más sentida presencia.
 Mi compañera de enfoque me sugiere que ponga mi mano derecha sobre mi corazón. Permanezco allí y comienza a suceder algo: la mano/garra comienza a voltear hacia la mía y poco a poco se va transformado en mi propia mano izquierda que acepta, busca y pide que mi mano derecha la toque, la bendiga, la ame, quedando finalmente entrelazadas, mientras, vienen lágrimas de paz y gratitud por el amor y la compasión que ha ofrecido mi mano derecha. Han sido una Sensación-Sentida, un Cambio-Sentido y unos Símbolos GENIALES.
Me ha quedado claro que no sólo la presencia de mi acompañante, sino también la de los otros dos integrantes del grupo de Compañeros de Enfoque han tenido una presencia activa en el desenvolvimiento de mi proceso.

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52) 10-V-96: ENFOCANDO EL ROBO DE MI MALETIN

Mientras mi esposa y yo asistíamos al festival del Día de las Madres en la escuela de nuestro hijo pequeño, me robaron del auto mi maletín de médico con todo y el instrumental que había ido integrando por años.
Estoy en shock. Ella me dice: ¿Quieres enfocar?, le digo qué sí y toco de manera sentida (no mental) mi pérdida.
No es que no me haya importado que me hayan robado todo lo que tenía allí, incluyendo mi laringoscopio y otros instrumentos médicos extraordinariamente importantes para mí.
Termino mi ejercicio de enfoque y me siento bastante bien. Nunca pensé que pudiera procesar una pérdida como esa tan rápida y tan definitivamente
. (TODAVÍA HOY ME ADMIRO DE ESTO: 7-XI-99)

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31) 20-II-96: LA PRESENCIA AMOROSA FÍSICAMENTE EXPERIMENTADA.

Voy bajando las escaleras, piso por piso, del edificio donde vivo, mientras trato de acompañar una sensación, esta se me escapa haciéndoseme inaccesible. Me siento desilusionado y viene el recuerdo del poema de R. Tagore: “...la imagen de mi propio deseo, danzando ante mí centellea una y otra vez, súbita. La quiero coger y se me va, y ya lejos me llama otra vez desde atajo... Y quiero lo que no tengo y tengo lo que no quiero”. Llego al 1er. piso sin haberla contactado, aunque sé que allí está, al terminar las escaleras la buscan también mis ojos exteriores en el rincón, junto a las bicis y las macetas. Entonces aparece allí tanto en el rincón como dentro de mí, como si fuera un solo lugar, una como instancia acogedora que no necesita ir detrás de nada, ni buscar, ni encontrar. De pronto me doy cuenta que ese Algo dentro de mí está en toda mi realidad interior. Es una Presencia a la que nada puede escapar, nada se le puede esconder; una presencia capaz de sostener, acoger, respetar, asumir, cualquier cosa dentro de mí. También tomo nota de que mi CONCIENCIA me permite distinguir claramente esa Presencia que es capaz de crear un espacio cálido y acogedor para lo más incierto, detestable, incomodo, confuso, negativo en mí. Es una presencia tan real como el brillo y el calor del sol, como mi respiración, como lo más real y verdadero que pueda existir en el universo. Es algo eterno, inapresable, sin límites, perfecto. Doy gracias por ella y por haberla podido experimentar como algo tan propio y a la vez tan trascendente. Esto es lo más maravilloso que me ha pasado a través del EB-E hasta el día de hoy.
Más tarde, al leer el salmo 139 me di cuenta que eran precisamente esas palabras las que describen mejor esa experiencia. Desde entonces ese Salmo es para mí el Salmo de la “Presencia Cálida y Acogedora”. Caigo en la cuenta de que esa presencia no es un artificio inventado para crear afecto hacia lo que necesita ser atendido por mí. Es una Presencia real que está habitando en mí, y a la que puedo recurrir cada vez que enfoque y ante la que se siente bien permitirme sentir lo que sea que esté sintiendo.

(Salmo 139: Yahvéh, tú me escrutas y me conoces; sabes cuándo me siento y cuándo me levanto, mi pensamiento calas desde lejos; observas si voy de viaje o si me acuesto, familiares te son todas mis sendas. Que no está aún en mi lengua la palabra, y ya tú Yahvéh la conoces entera: me aprietas por detrás y por delante, y tienes puesta sobre mí tu mano. Tu Ciencia es misteriosa para mí. Harto alta, no la puedo alcanzar. ¿Adónde iré yo lejos de tu espíritu, a dónde de tu rostro podré huir? Si hasta los cielos subo allí estás tú, si en el seol me acuesto, allí te encuentras. Si tomo las alas de la aurora, si voy a parar a lo último del mar, también allí tu mano me conduce, tu diestra me aprehende. Aunque diga: “Me cubra al menos la tiniebla, y noche sea la luz en torno a mí”, la misma tiniebla no es tenebrosa para ti y la noche es luminosa como el día. Porque tú mis riñones has formado, me has tejido en el vientre de mi madre; yo te doy gracias por tan grandes maravillas: prodigio soy, prodigio son tus obras...)

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