jueves, 7 de mayo de 2020


HUMANIZANDO, DESDE NUESTRAS INSTANCIAS BIOLÓGICAS,
EL PROCESO VIDA/MUERTE/VIDA
Experiencias de un médico[1] que practica el Enfoque Bio-Espiritual

...sin embargo, hay momentos en que uno se siente libre de la propia identificación con las insuficiencias y limitaciones humanas. En estos momentos uno se imagina que se encuentra en algún punto de un pequeño planeta, mirando con asombro a la fría, aunque profundamente conmovedora belleza de lo eterno, de lo insondable: la vida y la muerte fluyen juntándose, y no hay ni evolución ni destino; sólo existencia.
Albert Einstein

Algunos presupuestos básicos
El individuo humano tiene su origen en la unión de los gametos progenitores. A partir de la concepción y durante toda su estancia en el útero materno este bio-proceso no sólo está comprometido con su propio desarrollo[2] sin necesitar de la intervención humana directa, sino que, rodeado, sostenido, nutrido por el cuerpo materno interactúa[3] incesantemente con él formando un todo organísmico cada vez más complejo. Esta unicidad/completud está a su vez en constante interacción no sólo con su entorno físico sino en íntima, continua e interdependiente relación con lo socioculturalmente dado. Es, inmerso en ese proceso bio/cultural, que el ser humano va llevando adelante la tarea de su individuación, desde la que van surgiendo, mediante sucesivas etapas de desarrollo, las expresiones de sus más íntimas potencialidades, que nos llevan a experimentarnos EN el Todo Más Grande en el que vivimos, nos movemos y existimos trascendiendo tanto lo biológico como lo socioculturalmente dado. Entonces podemos entender que la naturaleza humana es el proceso de continua interacción, interdependencia y desarrollo que desde lo biológico asume lo socio-cultural que en un ambiente inter-relacional propicio el individuo humano actualiza y lleva adelante lo que en él es distintivamente genuino, personalizantemente transformador de sí mismo como parte insustituible que es de un universo en evolución.
Cuando la Cultura no se opone, sino que funciona como rotunda afirmación de lo biológico (frecuentemente lo que ocurre es lo opuesto) promueve la continuidad humana sobre el Planeta que llamamos Historia evolutiva, individual y colectiva. Por ello es importante que tanto a nivel individual como social aprendamos a asumir este proceso vital como lo hacen, desde la frontera del vivir-morir[4], cada una de los cincuenta trillones de células[5] de nuestro organismo en mutua, ordenada sutil, pacífica y pacificante interacción.
Al cuestionarnos cómo es que coexisten vida y muerte en cada célula, o dicho de otro modo, ¿cómo hace la célula -y el ser humano en desarrollo- para integrar estas dos funciones-experiencias aparentemente opuestas? La respuesta puede írsenos revelando si entendemos el ciclo celular vida-muerte como un continuum, y no como fenómenos antagónicos y mutuamente excluyentes.
Desde la Biología, hoy sabemos que el morir es un proceso activo. Las células del cuerpo saben cuándo reproducirse y cuándo han de morir. Los mecanismos celulares que regulan la muerte celular son esenciales para el sano desarrollo evolutivo del organismo. En cada célula se producen, activan y expresan genes que inducen señales de muerte en estadios definidos de diferenciación y en respuesta a determinados estímulos fisiológicos. Este “morir programado” al que se le ha llamado apoptosis,[6] incluye el reciclaje y la reutilización por el organismo de los materiales constitutivos de la célula apoptótica, los que no sólo no dañan al organismo total, sino que generan, desde lo que está en él muriendo, nueva vida, llevando adelante el desarrollo del cuerpo en términos de homeostasis, equilibrio, evolución.
Cuando la muerte celular no es programada desde dentro del individuo sino que tiene su origen en mecanismos que rompen el principio dinámico vital, lo cual sucede por ejemplo al sobrevenir una septicemia (palabra que viene de dos términos griegos: sepsis = pudrición, hemato = sangre, esto es, pudrición de la sangre) el resultado entonces es la necrosis, o sea, la descomposición del organismo, lo que a nivel de la especie Homo sapiens equivaldría a su desaparición.
Pero ¿cómo apropiarnos de esa sana manera de estar a la vez viviendo y muriendo cuando están de por medio tan intensos recuerdos, imágenes, añoranzas, sentimientos, emociones, sensaciones -tristeza, rabia, culpa, miedo, desesperación, incertidumbre, desilusión, amargura, horror, impotencia, nausea, dolor, odio- ante la muerte y sus circunstancias? Afortunadamente ahora sabemos que es precisamente el lado sentido de lo que pareciera que nos drena vida, el punto de partida para llegar a procesar tan, a veces, desgarradoras experiencias que podríamos haber llegado a juzgar como lo caótico, lo sin sentido, lo absurdo, lo catastrófico, lo cataclísmico.[7]
En todas las culturas conocidas, desde las más antiguas y en todas las tradiciones espirituales, el ser humano ha tenido acceso o al menos se le ha ofrecido, la posibilidad de ir más allá del razonamiento frío, lógico, que ve la muerte como inexorable extinción. Pero sólo en los últimos años es que se ha llegado a precisar cuál es el proceso mediante el que el ser humano lleva adelante el cambio inherente al desarrollo y cómo ponerlo en marcha, sea lo que sea que esté viviendo o en él muriendo, lo cual es una de las más exquisitas manifestaciones del desarrollo actual de la humanidad que nos está invitando a experimentarnos como seres humanos en profunda interacción y como cultura, a un nuevo paradigma en expansión que involucra a los demás y a cuanto existe.
Como aplicación práctica de su investigación, el Dr. Eugene T. Gendlin[8] ha elaborado la “tecnología corporal”[9]  capaz de promover el desarrollo integral del individuo humano inmerso en el acto/proceso de vivir-morir-vivir, tanto del propio, como el de los que más ama. Esta tecnología descubierta hace 50 años, está en consonancia con los descubrimientos en física cuántica[10] y más  recientemente en biología molecular.[11] Así que ahora, desde nuestra propia naturaleza bio-cultural que es de por sí movimiento, podemos asumir nuestro proceso vida-muerte-vida y propiciar que éste se dé pacífica y pacificantemente, en los demás.
Mediante estas historias -que no son del más allá sino que siempre se dan en el aquí/ahora- podemos darnos cuenta de cómo, a partir de la muerte de nuestros seres más queridos así como de lo que en nosotros está muriendo, llegamos a afirmar que todo ser humano puede humanizar el proceso vital muerte-vida si se acerca a estas realidades desde sus propios procesos fisiológicos físicamente sentidos y se permite ser guiado por esa sabiduría que lleva al encuentro de un Reino de nuevos, genuinos y personalísimos comienzos y significados.
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Las historias
UNA MUJER ATIENDE CÓMO LLEVA LA RECIENTE MUERTE -POR ALCOHOLISMO- DE SU HIJO
Me la llevan al consultorio sus tres hijas, madres ya de adolescentes. Viste luto. Llega en un estado depresivo que me hace pensar que tal vez no pueda yo ayudarla.[12]  Se mueve lenta, pesadamente, camina agachada y arrastrando los pies. En su cara se puede leer una profunda aflicción.
Su único hijo varón había muerto dos semanas antes, dejando a su joven esposa y a sus dos pequeñas hijas que cursan aún la educación primaria. Mientras están las cuatro en mi oficina no cesan los comentarios agrios hacia la anciana. La culpan de que lo único importante para ella fue y sigue siendo el hijo varón, ahora muerto. Toda su vida se han sentido en segundo plano respecto al cariño de su madre. No fue el hijo, sino ellas, quienes habían sacado al niño y a toda la familia a flote al morir el padre, cuando la hija mayor, que apenas tenía 13 años comenzó a trabajar. Se puede palpar en cada una de las hijas su enojo, su resentimiento, su dolor. Una de ellas calla, pero su actitud es igualmente fría. Les digo que me dejen con su madre y que se vayan a tomar un café o a simplemente dar unos pasos por el parque de enfrente.
Invito a la anciana a llevar su atención hacia dentro de su cuerpo y a darse cuenta dónde lleva todo lo relacionado con la muerte de su hijo. Pasan unos 30-40 segundos, se lleva la mano al pecho y me dice: “Aquí, en mi corazón”. Le sugiero que permanezca un rato allí adentro, diciéndole a ese lugar que no está solo, que es muy importante para ella y que es digno de todo su respeto, que vea si lo puede tratar con delicadeza, con ternura; que vea si le puede decir que no va a tratar de cambiarlo, ni siquiera de que se sienta mejor. Que lo acepta tal y como es. Ella accede a mis sugerencias y se queda unos minutos allí. Veo un leve cambio en su rostro y le pregunto ¿Ha venido algo?, tal vez un recuerdo, una imagen, una palabra… Me contesta. “Sí…, es mi hijo”[13].  Se lo reflejo y le digo ¿está bien dejar que se desenvuelva un poco más todo esto? Me dice que sí y continúa: “Viene a mí…” Le pregunto cómo se siente esto, y con una leve, delicada sonrisa me dice: “Bien...”. Le digo que permanezca con esto todo el tiempo que necesite. Momentos después me dice: “Nos abrazamos…, siento claramente su amor por mí”. ¿Dónde se siente este amor?, -le pregunto- y con evidente bienestar contesta: “Aquí, –señalándose el corazón y continúa- en todo mi cuerpo, es un calorcito muy agradable… lo siento en todo mi cuerpo.” La invito a permanecer con esta sensación todo el tiempo que ella quiera. Pasan unos minutos y finalmente me dice con una maravillosa sonrisa que ilumina su, de por sí, hermoso rostro: “¡Ya!”[14] (Yo me pellizcaba tiernamente el brazo y con humor me decía “¡Si no lo estuvieras viendo Juan, no lo creerías!”) Le propongo que si por todo eso que ha venido y que ha dado lugar a ese cambio en ella se siente bien dar gracias, que lo haga. Gustosa me dice que sí y terminamos el ejercicio de Focusing.
Regresan las tres hijas, ven la sonrisa de su madre y se miran entre sí, admiradas, como no pudiendo creerlo. Cuando se levanta la anciana y la vemos caminar erguida, livianamente, una de las hijas le dice: “¡Madre, te quitaste 20 años de encima!” Para mis adentros, hago mías esas mismas palabras con un: “Ciertamente, ¡parece otra!” A partir de entonces recobró el ánimo. Habiendo podido entrar en una relación nueva con su hijo muerto, vino también un cambio positivo hacia cada una de sus hijas y con la familia entera. En tanto, las hijas tendrán que entrar, cada una, a donde en su cuerpo está la energía de vida detenida, para poder generar una relación más saludable con su madre y con todo su entorno.

PERDONANDO A SU PADRE “POR HABERSE MUERTO”
Ha muerto, tras casi un mes de estancia en la unidad de terapia intensiva y casi cincuenta días de hospitalización.
Toda la familia alimentaba, día con día, la ilusión de que recobraría la salud. El hombre había tenido una operación a corazón abierto hacía diez años. Ahora la diabetes estaba fuera de control, le sobrevino una neumonía, tenía un pulmón destruido y sólo el 20 % del otro era funcional. Había sido traqueostomizado y conectado al respirador varias semanas antes. La esposa y los hijos se rotaban en el hospital las 24 horas de cada día “por lo que pudiera ofrecerse”: tomar nuevas decisiones, efectuar otras interconsultas, hacer nuevos estudios, llevar a cabo otros procedimientos…, ya que “siempre había algo más que intentar”. Los montos parciales del tratamiento eran millonarios. Mientras, la ilusión de la recuperación mantenía con esperanzas a la familia.
Finalmente murió, teniendo que cubrir la familia los altos costos de la atención final con otras fuertes sumas de dinero, además de enfrentar cobros injustificados en la atención hospitalaria.
La esposa, como los numerosos hijos, estaban en profunda consternación, ira, depresión. Pasado el funeral, se reunían simplemente para verse unos a otros y ponerse juntos a llorar. Había pasado más de un mes desde el fallecimiento y el problema familiar iba de mal en peor. Nadie podía soportar aquella pérdida.
Me comenta la situación la hija mayor que es una competente profesionista. La invito a enfocar. Le viene una sensación en el estómago. Es cómo su cuerpo lleva todo esto. Siente como brasas encendidas dentro del estómago.[15]  Al atender esto, viene mucho enojo contra el padre a quien culpa por haberse muerto. Al animarla a permanecer allí, sin juicios, sin interpretaciones, vienen imágenes: es ella, niña, adolescente y aún adulta, aferrada a su padre, lo que le revela, de manera sentida, la dependencia que ha tenido siempre hacia él. Luego viene otra imagen, es ahora ella, adulta, abrazando a la pequeña que es ella misma; hay lágrimas con una grata sensación de ternura ¡entre ambas! Mientras, la sensación quemante del vientre cambia hacia algo tibio, confortante. Al final está sonriente de sentir el cambio que ha venido al atender su enojo, sus reclamos, su depresión, físicamente sentidos.
Tiempo después, al preguntarle por los efectos de su ejercicio de Enfoque, me dice, con una amplia y bella sonrisa, que una de las cosas maravillosas que le sucedieron fue que pudo perdonarle a su padre el haberse muerto.
Después de esta experiencia pudo tomar distancia de la deprimente condición familiar y así, ayudar a su madre y sus hermanos, a atenderse a sí mismos y a entrar en su personal proceso de duelo.
A. L. me escribió este correo, autorizándome para publicar su experiencia:
QUERIDO JUAN: RUEGO ME DISCULPES, NO HABIA CONTESTADO TU CORREO, PRIMERO PORQUE LLORÉ TANTO POR LA SENSIBILIDAD CON LA QUE DETALLAS Y NARRAS LO VIVIDO POR MÍ HACE SEIS AÑOS, DIAS MÁS DIAS MENOS, GRACIAS JUAN PORQUE SIEMPRE ME SENTÍ MUY IDENTIFICADA CONTIGO Y CON TODA TU FAMILIA, LOS QUIERO Y LLEVO EN MI CORAZON SIEMPRE, A PESAR DE LOS PESARES, SIEMPRE SON Y SERÁN IMPORTANTES EN MI VIDA Y EN MI PERSONA, AHORA ESTOY EMOCIONADA JOSE MANUEL MAÑANA ENTRA A LA UNIVERSIDAD, SÍ A LA FACULTAD DE LEYES, ME SIENTO MUY CONTENTA, LOS QUIERO, UN ABRAZO Y UN BESO, Y CLARO QUE TE AUTORIZO PARA QUE HAGAS QUE ESTA INFORMACIÓN FLUYA Y QUE CADA DÍA AYUDES A MÁS PERSONAS COMO LO HICISTE CONMIGO.
LOS RECUERDO SIEMPRE. BESOS A TODOS.
M. L.
PROCESANDO EN SEGUNDOS Y DESPUÉS DE QUINCE AÑOS, EL DUELO POR LA MUERTE DE SU PADRE[16]
Buen día. Soy Ana y es un placer pertenecer a este círculo.
Hace unos meses escuché hablar del Enfoque Bio-Espiritual y me considero privilegiada de haber encontrado esta nueva forma de ver mi vida –y la de los demás también.
Siento que el Enfoque ha segmentado mi vida en muchos aspectos para después integrarla de la forma más noble y amorosa que jamás haya conocido.
Esta es mi historia que hasta el día de hoy, me hace sentir extasiada de vulnerabilidad:
Hace quince años mis entrañas se desprendieron de mi cuerpo…
Estando discutiendo con mi esposo; ¿la razón?, no la sé, sólo sé que estaba muy enojada al grado que le dije: “¡Por qué no te vas!” Me miró, se dio la vuelta y se quedó allí, conmigo. No se fue. Esta expresión tenía algo importante que decirme… entonces comenzó a temblar, sin excepción, todo mi cuerpo.[17] Me dolía el pecho, las lágrimas me surgían sin parar. De repente viene a mí una imagen, imagen que le había pedido a mi mente que borrara. ¿Cuál era? Mi padre postrado en la cama del hospital público, muriéndose; y yo que estaba allí, percibía aquel olor tan peculiar de la habitación; lo miraba, moribundo, me abalanzaba sobre sus rodillas sintiendo sus huesos y le gritaba: “¡No te vayas, no me dejes!” De pronto, unas manos frías, muy frías, me desprendían de él y me decían: “Tranquilízate, no llores ¿qué no ves que se está muriendo y tú no lo dejas morir?” Eso era precisamente lo que yo no quería ¡que se me muriera! Sólo tenía quince años y me pedían que “e n t e n d i e r a”.
De pronto, dentro de mí y de mi llanto, me convertí –desde la niña a la que le habían cortado las lágrimas ante la agonía de su padre para que él pudiera continuar su curso- en la adulta que soy, igualmente conmovida y bañada en sus propias lágrimas, que ahora asistía a esa niña. Y sin articular palabras, le expresaba con cuerpo y mente en comunión, que allí estaba con, para, ella.
Esta experiencia ha reconciliado esa parte de la cual nunca me acordé –rectifico, más bien me aterrorizaba traerla a mí.
Agradezco profundamente al Enfoque por haberme permitido volver a vivir esos momentos (incluso percibiendo aquél mismo olor de la habitación, a papá en sus huesos, aquellas heladas manos…) y poder asistir yo misma a aquella criatura que sólo necesitaba –tal vez- un abrazo profundo, muy profundo, y no argumentaciones tan humanas…
Además, encontré un sentido auténtico a esa palabra sin sentido que le dije a mi esposo: No quiero que se vaya; quiero que sepa que lo amo y que quiero disfrutar de su presencia. También me hizo reflexionar que si mi hijo se encontrara en un caso como el mío, yo, su madre, sea quien lo abrace profundamente y vea que seguiré siendo una columna para él, mejor cimentada ahora.
Esto es parte de mí. Lo puedo contar con sentimiento y, a la vez, con una paz que invade ese mismo sentimiento gracias a la fortuna de haber encontrado el Enfoque Bio-Espiritual.
Gracias por leer mi historia.
Ana Lilia

PROCESANDO, DESDE UN “SÍNTOMA”,[18] DOLOROSOS ACONTECIMIENTOS DE SU HISTORIA
Llega por primera vez a consulta una mujer con su hija de 29 días de vida. La niña llora si su madre la carga, si la amamanta, si la viste, si la desviste… La tiene que bañar la abuela materna porque la joven madre siente las manos heladas.
La invito a hacer un ejercicio de Focusing y accede.[19]  Al atender, entrando dentro de ella, la sensación de sus manos, le vienen estas palabras: “Nunca voy a ser una buena mamá para mi hija”. Eso se siente muy triste y llora intensamente. Al acompañar ese “lugar” triste que está en todo su pecho, viene un recuerdo. Es cuando está en el hospital, tiene en sus brazos a su hermana menor que se está muriendo y “estamos ella y yo solas”, me dice bañada en lágrimas. Es algo en extremo doloroso para ella. Le pido que se dé cuenta dónde se encuentra ese dolor, y me dice “aquí” señalándose su corazón. Al estar atendiendo con delicadeza ese lugar vienen más lágrimas. La animo a mantenerse en ese espacio interior y tras unos minutos comienzo a ver un cambio en su semblante. Pasan otros minutos, ella siente que ya no hay más que atender y terminamos el ejercicio. Entonces le pregunto cómo se siente y me dice: “Con ganas de volver a casa y bañar a mi hija”. Se van. Luego me relata que pudo bañarla, que ya no tuvo más esa sensación en sus manos, que cesó el llanto de la criaturita y que ahora la niña “llora, pero no cuando la baño yo. Llora cuando la baña mi mamá”.
Tiempo después me compartió que ni ella ni su madre podían pasar frente al hospital donde años atrás había muerto su hermanita, pero que hacía poco decidió entrar a ver a su prima que estaba en el servicio de terapia intensiva de un hospital gineco-obstétrico a causa del shock séptico al que había llegado al parecer por un aborto. Que pudo darle a su prima una presencia amorosa tal y como se la había dado a la sensación de sus manos, de su pecho y de su corazón; y que mientras lo hacía, pudo ver, conmovida, una lagrima rodando desde el rabillo del ojo de su prima. La prima se recuperó (el shock séptico suele ser irreversible). Yo le dije que sentía que eso que hizo había salvado de morir a su prima. La propia prima le había dicho con inmensa gratitud que ella ya no quería vivir, pero que su mensaje le había llevado a la decisión de luchar por su vida y por su hija de tres años de edad.
Poco tiempo después, Miriam pudo poner en palabras lo que ocurrió dentro de ella durante su ejercicio de Focusing.[20] Estas son sus palabras que me autorizó a compartir con ustedes:
“En el Enfoque:
Enfrento un enorme monstruo que es miedo.
A partir de haber tenido esa experiencia el cambio en mi vida fue completo. Y no solamente cambió la mía, sino también la de mi familia.
Antes de eso yo sentía que la vida no tenía sentido. Había perdido a mi hermana. Mi madre había sido madre soltera y yo tenía que cuidar de mis hermanos y de mi casa.
Estaba falta de cariño. Toda mi vida no habían sido más que puras responsabilidades.
Tenía miedo de casarme y de tener mi propia familia.
Era una persona que no sabía expresar lo que sentía. Me daba miedo querer y no sabía cómo tratar a las personas.
Cuando me casé empezaron los problemas...
Cuando uno entra al Enfoque se empieza a sentir incertidumbre por lo que se empieza a descubrir, pero poco a poco vas dándote cuenta que es maravilloso lo que encuentras y lo bien que se siente estar allí.
Entras y es todo negro, oscuro. Es como un cuarto oscuro, y sólo después de tanta oscuridad y soledad, a lo lejos se ve un punto de luz. Te acercas a ese punto, pero cuesta mucho trabajo llegar hasta allí. Se hace eterno el poder alcanzarlo.
Al llegar allí vi una luz y una niña llorando de tristeza, miedo, soledad. No sabía esa niña para dónde ir. Al acercarme a ella comenzaron a moverse todos mis recuerdos; sobre todo los más tristes que había vivido.
Todos eran acerca de la niña. Hubo un momento en que yo quería salir de allí. Quería irme y dejar todo eso, pero una voz muy confortante me hizo tener fuerzas para seguir viendo todo lo que pasaba, y cuando me di cuenta ya no tenía miedo. Era bonito estar viendo eso.
Conforme se me fue quitando el miedo iban llenándose de más y más luz esos recuerdos. Poco a poco la niña dejó de llorar. Entonces se levantó y todo se iluminó. Fue cuando finalmente le vi el rostro y cuando sonrió se convirtió en la adulta que yo soy.
A lo lejos había un camino verde, lleno de flores y un cielo azul. Se sentía tanta felicidad que pude atender esos recuerdos uno por uno, sin miedo, con más seguridad y tranquilidad. Entre esos recuerdos estaba el más doloroso que había vivido. Me acerqué a donde llevaba ese recuerdo y vi a mi hermana que había muerto. Puede verla y estar en ese recuerdo sin miedo, sin tristeza. Lo vi pasar todo, desde su enfermedad. Fue maravilloso vivir esa experiencia: le pude decir cuánto la quería y darle las gracias por el tiempo que Dios me dejó compartir con ella y por haber sido mi hermana.
Después vinieron los momentos felices que se me habían olvidado o los había dejado en un rincón. Fueron muchos y grandes.
De repente caminé y vi a mi familia que entonces era mi esposo y mi hija que acababa de nacer, esperándome. Estaban felices, con los brazos abiertos.
Y comenzó la felicidad.[21]
Miriam Mendoza

AL RESOLVER EL DUELO DE LA MUERTE DE SUS SERES QUERIDOS, UNA JOVEN MUJER
HACE QUE  SU  HIJO RECIÉN  NACIDO  RECOBRE  LA  SALUD[22]
21 de enero…
Me llevan a consulta un bebé de once días de nacido. Está muy grave y le digo a los padres que necesita ser internado de inmediato en la terapia intensiva de un hospital pediátrico. En el hospital X cuesta 35 mil pesos sólo el tener derecho al ingreso. Ellos no pueden enfrentar ese gasto y, con el control de la temperatura, el inicio de la rehidratación y una nota médica que les doy, lo llevan al hospital público donde nació, quedando internado.
Algunas anotaciones tomadas del expediente médico:
- Silvia estaba por regresar a estudiar cuando quedó embarazada por lo que sintió frustrados sus planes académicos. Ella no quería el embarazo, el cuál cursó con gastritis severa, pérdida de peso e intenso dolor de espalda, además tuvo vulvovaginitis persistente durante toda la gestación. “Me dolían tantas cosas que ya no sabía ni qué”, me dijo.
- La atención y su experiencia del parto “¡Fue terrible!” dice la joven madre.
- Padecimiento actual: Me refiere que el bebé “duerme demasiado y no puede tomar el pecho”. Lo escucha “ronquito y con llanto débil”. Ha ido varias veces al servicio de urgencias del hospital donde nació, “me regañan porque no he sido capaz de alimentar a mi hijo”, afligida me dice.
Exploración: Peso: 2 Kg. Peso al nacer 2,850. Pérdida de 30% de su peso corporal. Temperatura 39.9º C.
-Es admitido a la terapia intensiva. Evoluciona con crisis convulsivas secundarias al severo desequilibrio hidroelectrolítico y metabólico: hipernatremia, hipokalemia, hipoglucemia e hipocalcemia. Sin respuesta al tratamiento.
24 de enero:
Por teléfono la abuela materna del bebé me dice:
- “El bebé no quiere comer, rechaza el alimento; COMO QUE EN REALIDAD ÉL NO QUIERE VIVIR.”
- Que su hija “sufrió mucho abandono”.
- Que había “perdido” a una hermana, antes a su padre y después a un tío a quien Silvia quería mucho (habían muerto).
- Que el padre del bebé no podía siquiera acercarse al recién nacido, tenía mucho miedo de tocarlo.
Conmovido, le digo a la abuela de la criatura que necesito hablar con la madre del niño.
Silvia me llama por teléfono ese día y me comenta que:
- “El bebé sigue convulsionando y sin querer comer.”
Le digo que necesito verla. Va a mi oficina y allí le propongo hacer un ejercicio de Focusing. Acepta.
Anoté en el expediente:
“25 enero…: Enfocó Silvia. Se va, sintiéndose mejor.”
1° febrero:
Vuelven a consulta a los 24 días de vida del bebé. Ha recuperado el peso con el que nació.
Su evolución fue sorprendentemente buena. Antes del Enfoque de su madre el bebé no había recobrado nada de peso. Al día siguiente del ejercicio había ganado 500 gramos. Ahora está siendo alimentado ¡al seno materno! No hay déficit neurológico ni patología agregada. Detecto solamente cierta irritabilidad e hiperreflexia (que desaparecen en las revisiones subsecuentes).
Pasan años. Habiendo yo olvidado mucho de esta historia a través del tiempo y desconociendo más aun de ella, un día le pregunto a Silvia qué tanto realmente había ayudado su ejercicio de Enfoque en relación al problema de su hijo internado de recién nacido. Su respuesta fue: “¡Hay doctor, nos salvó a los tres!” (Ella no sólo incluía a su marido, sino también su relación de pareja).
De la sorpresa que me llevé con su impactante respuesta, le pedí a Silvia que si sentía que estaba bien, me escribiera su experiencia de todo esto para compartirla. Accedió y me envió este correo:
“Llevo a consulta a mi hijo Eduardo H. J. de 13 días de nacido que había dejado de comer y había presentado temperaturas muy altas de 39 y 40º C.
El médico lo revisó y nos dijo a mí y a mi esposo que el bebé estaba muy grave y que debía ser hospitalizado de inmediato. Al escuchar esto me puse muy mal, sentía mucha culpa, miedo, tristeza y no sabía cómo reaccionar.
Los días anteriores lo había llevado cuatro veces a consulta al hospital (…). Los pediatras lo revisaron y en las cuatro ocasiones me dijeron lo mismo: que mi hijo estaba bien y un poco deshidratado porque yo no supe darle de comer a mi hijo.
Salimos del consultorio del doctor y lo internamos al servicio de terapia intensiva.
A la hora de visita yo no quería pasar, tenía mucho miedo, no sabía cómo ayudar a mi hijo para que saliera adelante, sólo lo veía y lloraba.
Cuando le llamé al doctor y le comenté acerca de mi situación, me dijo que fuera a su consultorio, al llegar me preguntó ¿Cómo te sientes con todo esto? A lo cual le contesté que muy mal, que me sentía culpable porque no supe cuidar a mi hijo y que tenía miedo de perderlo. Él preguntó ¿En dónde se siente todo esto? Le conteste “aquí doctor, en mi corazón”. Me dice que vea si puedo ir hasta donde siento esa sensación y acompañarla; me pregunta si puedo decirle a esa sensación que tiene derecho de estar ahí y si puedo preguntarle si quiere decirme algo. Cuando lo hice, muchas cosas aparecieron en la mente; recordé cuando un tío mío estuvo internado muy grave y falleció; los problemas que tenía con mi esposo; el haber dejado mis estudios por mi embarazo. Que me sentía atada a mi hijo y empecé a llorar.
El doctor me pregunta nuevamente ¿Cómo, dónde, sientes todo esto que ha venido? Le contesto: aquí en mis manos. Entonces me dijo: a ver si puedes ir hasta donde sientes esa sensación y pregúntale si también quiere decirte algo. Le respondí: “Sí doctor”. Lo que vino fue: “…No quiero estar con mi hijo, quiero que alguien me lo cuide, lo amo demasiado pero no quiero sentirme atada a él.”
Pasó tiempo mientras yo atendía esto, ¿cuánto?, no sé. Entonces el doctor me pregunto ¿Cómo te sientes después de todo esto que ha venido? “Mejor. Quiero ir a visitar a mi hijo al hospital.”
Cuando llegué mi hijo estaba con aparatos conectados en todo su cuerpo pero al entrar me sentí diferente a las veces anteriores. Ahora me sentía llena de ganas de verlo, de animarlo para que sintiera que lo necesitábamos con nosotros, que lo amábamos mucho y que luchara por recuperarse para que pronto regresara a su casa.
Después de esto le leí un cuento: “EL RANCHO DE PANCHO”. Mientras se lo leía, le describía los paisajes con mucha gracia y de pronto vi cómo mi bebé se empezaba a reír, tanto, que su estómago empezó a moverse lo cual me alegró mucho.
Pronto mi bebe salió de la Terapia Intensiva para estar unos días en el servicio de Recuperación. Yo lo cuidé todos sus días de estancia en el hospital; día y noche estaba con él y dormía al lado de su cama.
Todo esto fue una experiencia dolorosa pero desde ese día que salí del consultorio del doctor Prado me sentí con muchos deseos de cuidar a mi hijo pues es una gran bendición tenerlo nuevamente a mi lado”.
Silvia J.

MI CUERPO INSTÁNDOME[23]  A COMPARTIR EL ENFOQUE BIO-ESPIRITUAL
Ayer murió P. C. B. Tenía más de 70. Fuimos a la funeraria; allí, con una sensación extraña en mi vientre, despedí a mi amigo.
Por la noche voy a la computadora a hacer algunas anotaciones y al hacer un mínimo esfuerzo para mover la silla siento un tironcito doloroso a nivel sacro, hacia el lado derecho. Estoy un rato allí, con cierta incomodidad localizada en esa área, termino mi trabajo y me levanto para ir a la cama. El dolor es más intenso. No encuentro posición para dormir, tras buscar y buscar, no tengo otra opción que el decúbito prono (boca abajo) como posición antiálgica. Me quedo allí preguntándome de qué me quiere hablar mi cuerpo con esta sensación dolorosa. El cansancio (y un poco de angustia) me impide seguir tratando de enfocar. Una o dos horas después despierto por el dolor y al buscar otra posición distinta, el dolor aumenta. Voy al baño con mucha dificultad para caminar. El dolor recorre toda la nalga, el muslo y la pierna derecha. No puedo permanecer de pie, regreso del baño con muchísimo dolor, totalmente encorvado, angustiado y con mayor dificultad aun. Pienso en el trabajo programado para esa mañana y me angustia no poder siquiera ponerme en pie. Busco la posición antiálgica previa pero ya no es eficaz. Entonces me doy cuenta que el dolor recorre todo el miembro inferior hasta la punta de mis dedos. Al atender esto a la manera del Enfoque viene una palabra: “DOLOR igual a CULPA”. Atiendo cómo se sienten esas palabras junto con el dolor y viene: “B. se llevó a la tumba el secreto de su enfermedad” (nadie supo de que había muerto, aun habiendo recibido la mejor atención posible a nivel nacional y hospitalario en el Instituto Nacional de la Nutrición). Me quedo con como todo esto se siente ahora y viene: “Fue ese secreto, el que lo llevó a él a la tumba”. Con esto viene una pregunta, “¿Por qué no le compartí a “B” más del Enfoque? Tal vez ello le hubiera ayudado a abrirse a sus cosas inconclusas.” Entonces me doy cuenta qué era eso de “dolor igual a culpa”. Para entonces la intensidad del dolor se ha reducido y, admirado de la manera como se había desenvuelto mi proceso corporal, ¡me quedo dormido! Cuando llega mi hijo de su reunión (2-3 a. m.) ya me siento mejor, está la sensación dolorosa solamente a nivel del sacro pero ya no me impide tomar la posición deseada para dormir. Al despertar hago mis movimientos rutinarios sin ninguna dificultad. Lo único que me limita es mi temor de que regrese aquél intenso dolor. Sólo ha quedado un inocente dolorcito que, me doy cuenta, es para hacerme recordar la importancia de todo el suceso. Siento una enorme gratitud y admiración hacia el Dr. Gendlin y hacia quienes me han conectado con el Enfoque y la Bio-Espiritualidad. Con ello viene la determinada decisión de compartir esto y así llevar a otros su inherente mensaje de salud, dándome cuenta sin duda alguna de que mi ciática es un buen recordatorio para no quedarme con esta maravilla sólo para mí, sino que puedo escuchar y darle respuesta a esta invitación de mi cuerpo a experimentar el Enfoque.

UN EJERCICIO DE ENFOQUE[24] LA SANA DE UNA OBSESIÓN DE MUERTE
Me dice la madre de dos pequeños pacientes de tres y ocho años, que de cierto tiempo acá ha estado cada vez más angustiada pensando que algo terrible va a pasarle a cada miembro de su familia. Que basta un comentario, una noticia o casi cualquier cosa, para que aparezca en ella la idea de que algo catastrófico se está cerniendo sobre ellos. Que eso está produciendo problemas en todos los aspectos de su vida y que ya no puede seguir viviendo de esta manera, pues ello está afectando su vida laboral, familiar y su relación de pareja.
Yo la invito a enfocar y acepta. Le comparto algunas historias de Enfoque, le explico algo sobre el procedimiento. Entonces comenzamos.
Cuando ella está enfocando yo veo ciertos cambios en su cara lo que me dice que está contactando algo en las profundidades de su ser.[25]
Me refiere imágenes, luces, sensaciones y cosas para ella inexplicables. Hay ciertos gestos de incomodidad por momentos. Yo la animo a que se mantenga en contacto físico, corporal, afectuoso, con lo que esté viniendo, sin tratar de comprender, de analizar, de interpretar, sino solamente sintiendo y recibiendo lo que sea que esté viniendo.
Cuando terminamos el ejercicio la veo extrañada, por momentos como desilusionada y hasta como defraudada, pues me dice: “Yo esperaba que me viniera algo como lo que me comentó en sus historias de Enfoque, pero nada vino.” Yo le digo que aunque para ella no haya venido nada claro ni con sentido lógico alguno, yo sabía que había estado enfocando.
Se va a casa. Una semana más tarde y en lugar de simplemente comenzar a enfocar a partir de cómo se está sintiendo, entusiasmada me comparte:
“Qué cree doctor. Desde hace ocho días que estuve aquí con usted han estado pasando cosas que me han dejado admirada. Usted recordará que casi todo lo que pasaba en mi vida me llevaba al pensamiento obsesivo de que algo trágico estaba por sucedernos a mi familia y a mí… Pues esta semana con todo lo que me ha pasado no ha aparecido ese patrón, aún con las cosas intensas que he estado viviendo:
El día siguiente que estuve con usted, un médico muy querido y que siempre me animó a seguir adelante en las circunstancias dolorosas de mi vida, falleció repentinamente. Yo lo acababa de ver unos días antes. Pude ir a su funeral para despedirme de él. Nada funesto me vino en relación con mi familia.
Este pasado fin de semana, el hijito de uno de los gerentes de la empresa donde trabajo, estaba jugando. De pronto no se sintió bien, le dieron un medicamento y como no había respuesta lo llevaron al hospital. El niño, de la misma edad de mi hijo menor, murió en el camino. La secretaria del gerente me comentó que su jefe creía que había sido el medicamento que le dieron lo que produjo la muerte a su hijo y que nunca le fuera a dar ella a su hijo ese medicamento. Entonces yo recordé que a mí me había dado siempre miedo darles ese medicamento a mis hijos. Con todo lo que eso significaba para mí, permanecí sin mi patrón obsesivo.
Hace ocho días, justamente cuando regresaba a casa de mi sesión de Focusing me encontré con estos hechos. Por la mañana había ido un hombre a lavar la cisterna del condominio. Como era ya de noche y no regresaba a su casa, fue su esposa y sus hijos a preguntar si lo habían visto. Nadie les dio razón, así que fueron a la cisterna y lo encontraron ahogado. ¡Ya se imaginará el impactante cuadro que había en el patio y el estacionamiento! Mis parientes estaban muy impactados por el suceso y a la vez angustiados pensando que aquello me afectaría de una manera tal vez irreversible. Yo pude estar presente y aún acompañar a la esposa y a los hijos del hombre ahogado en su indescriptible horror y dolor. Lo que ahora me parece increíble fue que pude asistir a todo eso sin sentirme afectada en mis propios problemas, con mi mente catastróficamente obsesiva.
Otra cosa que me pasó en estos días es que una compañera de trabajo que está en su menopausia nos dijo a la hora de tomar el café: “Tal vez ustedes piensen que yo estoy loca, pero ahora que tengo mis síntomas como bochornos, palpitaciones y otras cosas, acompaño a mi cuerpo y le digo que está bien que me hable a través de esas sensaciones y que lo voy a escuchar con cariño.” En esos momentos doctor, recordé mi experiencia de Focusing de hace ocho días y le dije: “Yo sé muy bien de qué estás hablando, para mi tú no estás loca, uno tiene que aprender a escuchar lo que le dice su cuerpo”. Entonces pude claramente relacionar mis cambios con el ejercicio de Enfoque que hicimos aquí hace una semana...”
Ella había consumido todo el tiempo compartiéndome sus experiencias post-enfoque, así que sólo nos tomamos unos momentos para darnos cuenta cómo llevábamos de una manera sentida todo esto, ella como quien enfocó y yo como su acompañante en el proceso. Coincidimos en sentir el Enfoque como un inestimable regalo mutuo dejando para la siguiente semana la continuación de su proceso de aprendizaje y práctica del Focusing.

ATENDIENDO –MIENTRAS ESTÁ MURIENDO[26]-, UN ASUNTO QUE, POR  AÑOS, LE HA ESTADO DRENANDO VIDA
Una de sus relaciones más significativas había sido desgarradoramente rota años atrás.
Su hermana había muerto por cáncer de ovario hacia unos cuatro años.
En ella, al principio, los síntomas fueron también “inespecíficos”.
Estuvimos en contacto telefónico por varios meses mientras me comentaba que iban acentuándose sus problemas de salud, que diversos diagnósticos con sus respectivos tratamientos se sucedían y que si bien ella seguía fielmente las prescripciones médicas, no sólo no sentía mejoría alguna, sino que estaba cada vez más débil y asustada.
Durante ese tiempo le propuse hacer ejercicios de Enfoque para atender cómo se sentían no solamente sus síntomas, sino los aspectos emocionales, psicológicos y espirituales experimentados desde su condición personal, familiar, etcétera. Llegó a enfocar, esto es, a conectar y atender, mediante esta técnica/proceso, varios aspectos de su cada vez más deteriorada condición.
Finalmente, mediante laparotomía le encontraron el tumor primario con metástasis por todo el abdomen. Ya no había nada que hacer ni médica ni quirúrgicamente. El diagnóstico fue cáncer de ovario y la estirpe histológica la misma que la de su hermana antes fallecida.
Vino la siguiente fase, ya sabiendo lo que estaba enfrentando.
Al llegar el momento del adiós, fuimos convocados por ella. Era una reunión de familia.
Previamente había decidido todo lo que debería hacerse en su despedida: Estaría muriendo en su lecho, rodeada de sus seres queridos.
Entramos a su habitación. Indicó que se prendiera un cirio, que una de sus hijas leyera las oraciones que ella previamente había elegido para ese momento.
Antes de comenzar aquel rito de despedida nos dijo: "Después de todo lo que vamos a hacer, quiero que salgan todos y que me dejen a solas con Juan."
Esta declaración me sorprendió. Yo estaba inquieto por tan incontestable requerimiento. Al terminar la reunión dijo: "Ahora sí, déjenme a solas con Juan." Todos salieron.
Su apariencia era entre estar dormida y muriendo. Me acerqué un poco más a ella para escucharla mejor, pues su voz era muy débil.
Fueron momentos de un intenso silencio. Finalmente yo lo rompí diciéndole: "Bien _____ (su nombre), dime… ¿qué quieres que hagamos ahora?"
Ella, con voz pausada y como desde una convicción absoluta me dijo: “Tú sabes.”
Me quedé perplejo. No esperaba en absoluto esa respuesta. Pero no era momento para investigar, menos para discutir. Entonces recurrí a la sensación-sentida en mi cuerpo acerca de la globalidad de la situación que yo estaba viviendo, y desde una sensación interna como de temor/temblor, le sugerí: "C… _____ querida. Quiero que veas si hay algo en tu vida que se sienta bien atender ahora… Si encuentras algo así, por favor, dímelo.”
Permaneció callada unos 30-40 segundos y entonces me dijo: "Sí. Hay algo…, sé qué es." ¿Es algo doloroso?, ¿difícil? “Sí” -me responde tras una breve pero significativa pausa-. Ve –le digo- si puedes encontrar el lugar donde llevas todo esto. Viene otro significativo silencio y pone suavemente su mano sobre su pecho. Entonces le digo: Tal vez ese lugar necesite de una compañía delicada, amorosa, ¿podrías ofrecérsela? Hay otro breve silencio y me dice: “Sí”. Se queda allí como en un profundo encuentro con su asunto físicamente sentido por varios minutos. Sus facciones cansadas pero serenas se fueron haciendo más suaves aún con todo y el dolor físico presente. Vino un leve suspiro mientras parecía estar sumergida en una profunda contemplación. Tras unos momentos me dice: “Ya todo está bien… Gracias Juan”. Se queda respirando suave, pausadamente. Le dejo por despedida un beso y salgo, conmovido, de la habitación.
Antes de 24 horas, ella había muerto.
Lo que nos dimos mi prima y yo es de un valor inestimable. Ella mostrándome que nunca es tarde para atender algo inconcluso; yo animándola a atender a la manera del Enfoque aquello que había estado drenándole vida.
Qué gran privilegio y regalo es estar presente y ayudar a alguien a morir con serenidad y con tan imperturbable paz.
Hay una bella conclusión de esta historia. Se trata de unos correos que recién me envió la menor de las tres humanas. El primero dice así:
Hola mi querido primo. Muchas gracias por lo que me enviaste de Focusing. Es muy interesante. Y esto que leí de Cleme nunca me lo hubiera imaginado. Yo sabía que tenía algo muy fuerte dentro… (Ella) me repetía: “¡No puedo, no puedo! Y yo le decía ¿Qué es lo que no puedes? “Perdonar, ¡no puedo perdonar!” Y yo me imaginaba qué, pero ella nunca me lo quiso decir. Muchas gracias… por haberla ayudado a bien morir. Te agradezco en el alma lo que hiciste por ella. Gracias a Dios y a ti. Te quiero...” Isabel.
Y cuando le pedí su autorización para compartir la historia de su hermana junto con su correo me escribió:
Antes que nada quiero comentarte que cuando leí todo lo que me enviaste relacionado a Cleme, se me hizo un nudo en la garganta y empecé a llorar. Se me vinieron los recuerdos y seguí leyendo todas las historias…. Cuando terminé me regresé y re-leí lo de Cleme y de nuevo me desahogué. Sentí una inmensa alegría por la ayuda que recibió de ti, pues encontró esa paz que ella tanto deseaba. Yo también sentí paz interior y tranquilidad. De nuevo gracias mil primo querido!!!!! Y por supuesto que tienes mi autorización de comentar lo vivido con mi querida Madre-hermana Cleme…”
Isabel había quedado muy traumada después de la muerte de sus dos hermanas por cáncer de ovario (su madre también había tendido cáncer), viviendo ella con el permanente temor de padecerlo y morir de lo mismo. Por ello es que estas palabras suyas con las que concluye su correo cobran un especial significado:
“Todos tenemos que partir. Antes yo temía a la muerte, pero ahora no primo, estoy en LAS MANOS DE DIOS y me iré cuando él lo decida.”

181).- 30-VII-97: EXPERIENCIANDO MI PROPIA MUERTE
Voy camino al trabajo sintiendo algo como agobio, desesperanza, desilusión, fracaso. Atiendo cómo y dónde se siente esto y es en los hombros, es como una pesada carga. Mientras paso bajo el edificio que está en construcción viene la frase: “Es como estar muriendo”[27] . Del estremecimiento al Cambio-sentido hay sólo un instante; lo siento por todo mi cuerpo. Es como liberarme de una ponzoña envenenada... paradójicamente al venir esas palabras experimento una enorme liberación. La pesada carga es ahora un ‘carga ligera’ totalmente distinta al significado que para mi mente tiene la muerte: horror, miedo, disolución, extinción…, mi estar muriendo ahora se ha hecho accesible a mi experiencia corporal, sentida despejándose mi panorama interior. La experiencia en el cuerpo de estar muriendo-re-suscitando se ha unificado como la cosa más natural. En cambio, la distancia entre morir y vivir es abrumadora para mi mente. La muerte para mi cuerpo es como cualquier otra cosa. Al acogerla física, corporalmente, permanezco vivo, sin disolverme, sin aterrorizarme. Y aquí estoy, sintiéndome más íntegro que antes de contactar sentidamente con ella. Así que seguí caminando a mi destino diciendo: ¡Bendita experiencia! 
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SEPT. 96. ENFOCANDO[28] CON ASUNCIÓN QUE TIENE CÁNCER
Hace unos días la operaron de cáncer en el Instituto Nacional de Cancerología. La visito allí. Los cirujanos no habían podido resecar el tumor que invadía su vientre. Durante la intervención le seccionaron un uréter al tratar de disecarlo del tumor canceroso, al corroborarlo decidieron llevar a cabo una segunda intervención.
Al ir a verla al hospital mi esposa y yo la encontramos irreconocible. Apenas si puede hablar, así que las palabras casi salen sobrando. Pero podemos hacerle patente nuestro cariño, con nuestra presencia. Salgo de  visitarla  pensando que está por llegar el fin de su vida.
Al día siguiente llamo por teléfono al hospital para saber de su estado y me dicen que fue dada de alta pues ya no había nada más que hacer. Con temor llamo por teléfono a la casa donde vive. Me contesta sin energía, parece abatida, sin esperanza. Algo dentro de mí me lleva a preguntarle si hay algo en su vida que sienta como atorado, quizá algo emocionalmente doloroso, irresuelto… En lágrimas y sollozos ella recuerda vívidamente y una por una, la muerte de dos queridísimas personas jóvenes que para ella fueron, me dijo recalcando las palabras, amigos verdaderos. El vínculo con cada uno de ellos había sido muy profundo, muy auténtico, y sus muertes, dolorosísimas, absolutamente inconcebibles e incomprensibles para ella y sin haber tenido a nadie que le ayudara a procesarlas. Acoge, con mi propuesta, sus sentimientos de dolor por cada una de esas pérdidas. Con ello viene: "No comprendo nada." Acepta ir a su vientre donde está el significado sentido de la frase y se queda ahí, sosteniendo, acogiendo, abrazando ese lugar por unos minutos. Viene un profundo suspiro y con él un cambio sentido que yo puedo sentir desde el otro lado de la línea telefónica. Ella se queda agradeciendo por el regalo que ha recibido, mientras yo,  impactado, me despido de ella...
Llamo por teléfono pocos días después y tranquilamente me dicen que no está.  Antes de que pueda yo pasar saliva agregan "por primera vez desde que salió del hospital, fue caminando a la tienda, por leche". De esto hace tres años. Ayer (5-VI-99) ella me llamó diciéndome ¡que está muy bien! Seguimos comunicándonos por años. Hace unos días me dijo que felizmente sigue trabajando: 3 VI 2004.
Al preguntarle en algún momento si sentía que había sido de utilidad aquél ejercicio que hicimos, me dijo: "¡Hay compadrito, en esos momentos comenzó mi curación!"
¡¿Qué se puede agregar?!
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A manera de conclusión
 Cuando a partir de la pérdida de un ser querido el doliente tiene la suerte de tener cerca a alguien para quien él y su pena son importantes, alguien que le permita estar con ese dolor -en lugar de sólo darle las condolencias del caso o que sólo trate de consolarlo o de cambiar sus sentimientos dolorosos por otros “mejores”-, esa compañía puede ser aún más relevante si nos invita y nos anima a atender nuestro sufrimiento, a ir dentro y sostenerlo allí donde lo llevamos, permitiéndole decirnos “lo que nos tiene que decir”, sin tratar de atenuar, sin aconsejar, y sin espiritualizar la experiencia dolorosa con una agenda que no es la nuestra y en la que no hay ningún espacio para el proceso que buscan los seres humanos cuando se encuentran (Gendlin).  A esta manera de atender lo que en nosotros es el Proceso vida-muerte-vida, le llamamos Focusing y Escucha Activa, Sanadora, Bio-Espiritualidad. De eso tratan las experiencias vertidas en este escrito, cuyos efectos vienen en primer lugar de esa calidad de interacción humana que todos podemos aprender, y más profundamente, de darle esa misma calidad de atención, de escucha y de acogida a nuestras pérdidas, lo que nos sitúa en lo que hace la sabiduría del cuerpo cuando asume la realidad como lo hace cada célula que está muriendo sin juzgar el hecho ni como pérdida, ni como absurda extinción.
Así que a similitud con lo que hace nuestro cuerpo, el Enfoque Bio-Espiritual lleva a cabo el procesamiento de nuestros duelos permitiéndonos asumirlos, dando así origen, desde el dolor, a un tipo de desarrollo que no podría darnos ninguna experiencia que deje fuera algo de la totalidad humana que somos y que mediante el Focusing llevamos adelante a partir de nuestros procesos fisiológicos que ahora y a tono con los más recientes descubrimientos tanto en la biología como en la física cuántica y otras disciplinas, puedo llamarle psico-neuro-inmuno-endocrino-espiritualidad en Movimiento.
De esta manera podemos experimentar desde nuestras entrañas que vivir-morir-vivir es tan natural como un anochecer… tan natural como un amanecer... (P. A. Campbell).


[1] Juan B. Prado Flores. Médico pediatra neonatólogo. Exjefe del servicio de Cuidados Intermedios Neonatales del Hospital de Gineco-Obstetricia No. 4 del IMSS, México, D. F. Miembro del Institute for Bio-Spiritual Research, http://www.biospiritual.org . Miembro y Professional Associate de: The Focusing Institute http://www.focusing.org/. Miembro de la Asociación Mexicana de Psiconeuroinmunoendocrinología (AMPNIE, A. C.). Profesor de Focusing del Centro Cultural Ítaca http://www.desarrollohumanoitaca.com/, Profesor de Enfoque Bio-Espiritual de: CREE, A. C., http://www.creeac.com.mx/, de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP)
Dirección Electrónica: jubpr@yahoo.com
[2] El cuerpo fue desarrollándose gracias a que el huevo primordial estaba comprometido a plenitud con su propio proceso de desarrollo. La estructura corporal no solo está en construcción sino también mantenida por procesos en marcha que, si se detienen, el cuerpo se desintegra: E. T. Gendlin. A Process Model, http://focusing.org/process1.html
[3] “…Los cuerpos humanos experimentan sus situaciones inmediata y directamente y no sólo a través de la pantalla interpretativa de lo que percibimos o pesamos que está pasando…”: E. T. Gendlin, en Focusing en Psicoterapia, Barcelona, Paidós 1999, p. 417. “Esta interacción es la forma primaria de vida. Su ausencia perturba el carácter de cualquier forma orgánica de estar en el mundo”: T. Barceló, en Alemany C., Manual Práctico del Focusing de Gendlin, Desclée, 2007, p. 118. De esa interacción desde un estado de casi inexistencia, deficitaria y puesta nuevamente en marcha, es de lo que tratan estas historias.
[4] Desde la primera célula que existió, todo ser viviente tuvo, tiene y tendrá (tendremos) que “presentar esta asignatura”, sea que la experimentemos día con día o que esperemos llenos de pánico, que venga.
[5] Briuce Lipton La biología de la creencia, ed. Palmyra.
[6] Se considera la apoptosis como un mecanismo fisiológico de muerte, inherente al desarrollo celular, que se desencadena por diversas señales, las cuales pueden ser fisiológicas, o por estimulaciones ambientales exógenas. Al actuar estas señales sobre receptores específicos de la superficie celular y causar la activación en cascada de ciertas proteínas citoplasmáticas, trae como resultado la activación de un programa genético que conduce generalmente a la nucleólisis por acción de las endonucleasas. Este mecanismo interviene en importantes fenómenos fisiológicos como: la embriogénesis, el mantenimiento de la homeostasia, la renovación tisular, el desarrollo y funcionamiento del sistema inmunitario. Ver Rev Cubana Oncol 1997;13(2):126-134. http://www.idibell.cat/es_grups_recerca/view.php?ID=15
[7] Quizá el punto de partida más básico que tenemos que aprender al respecto es que no es posible procesar el dolor humano desde el acontecimiento traumático del pasado que lo originó ni desde lo que a partir de él ya no podrá llegar a ser (futuro), sino desde cómo el cuerpo lo está cargando (ahora). Permanecer, ya sea en el traumático pasado o en ese cancelado futuro, sólo nos conduce a callejones sin salida (Gendlin). Y si pasamos mucho tiempo con ello, podemos convertirlo en un nuevo circuito cerebral que produce químicos como encefalinas y endorfinas que anestesian el dolor, así como catecolaminas y hormonas de estrés, citoquinas proinflamatorias, etcétera, que paradójicamente, pueden transformar nuestro sufrimiento en adicción. En cambio, cuando atendemos el lugar físico donde el cuerpo lleva el trauma, estamos comenzando el proceso -desde nuestras sabias instancias fisiológicas- de avance en su resolución.
[8] Ver Gendlin ET. Focusing. Proceso y técnica del enfoque corporal. Ed. Mensajero. España. 1982, Se trata de uno de los trabajos más exquisitamente diseñados y desarrollados bajo los más rigurosos presupuestos científicos y la genial investigación filosófica que están dando origen a un nuevo paradigma en la historia de la humanidad.
[9] Ver en: McMahon EM. Beyond the myth of dominance: an alternative to a violent society. Sheed & Ward. 1990. (Traducido al español por CREE A. C. http://www.creeac.com.mx/www/index.php?option=com_contact&Itemid=3) Los frutos que en la Bio-Espiritualidad ha estado produciendo el proceso del Focusing durante más de cuarenta años, incluidas estas historias.
[10] Ver El código del Universo de Heins R. Pagels de Ed. Pirámide.
[11] Ver Briuce Lipton La biología de la creencia, Ed. Palmyra.
[12] Afortunadamente lo que sucede durante el proceso del Enfoque está fuera del control tanto del que enfoca como de quien facilita el proceso. Precisamente por ello puede surgir la duda (mental) de si aparecerá y será llevado adelante dicho proceso. El aprendizaje básico de quien acompaña a otra persona a atender sus asuntos detenidos es saber, de una manera experiencial, que todos contamos con los recursos interiores necesarios para llevar adelante nuestros asuntos detenidos.
[13] Gendlin descubrió que para que un asunto se mueva hacia la resolución necesita llevarse a cabo la interacción entre el asunto físicamente sentido, en este caso situado “en mi pecho” con un símbolo “…es mi hijo”. Este proceso se potencializa enormemente mediante el afecto humano que propicia que se desenvuelva el autoproceso que somos.
[14] A este cambio, el autor del Focusing le denomina cambio corporal sentido (bodily felt shift), que a la luz de los progresos recientes en el descubrimiento de la transducción en la membrana celular, epigenética, y física cuántica podemos explicar, constatando que ese cambio en la personalidad casi instantáneo, afecta positivamente al individuo humano como totalidad y a su relación con su mundo, mundo que es todo cuanto existe. Ver http://www.focusing.org/personality_change.html
[15] “Al experienciar desde el referente directamente sentido, deseo denominarlo <referente directo>... Es menos aparente pero aun fácilmente comprobable por cualquiera, que este referente contiene significado…, un significado sentido”: Eugene T. Gendlin. University of Chicago, en A Theory of Personality Change. 1964. http://www.focusing.org/personality_change.html

[17] Ana había recibido de mí, un curso de Enfoque Bio-Espiritual y se había dado cuenta de una manera experiencial, de qué realmente se trata tal ejercicio-técnica-proceso. Generalmente al focalizar el significado sentido de algún asunto, viene una progresión gradual del proceso como se puede ver en muchas de las historias aquí descritas. En cambio, en la historia de Ana vemos la dramática irrupción -como temblor, dolor, lágrimas- en su conciencia corporal, del "material" por años reprimido, que, atravesando la zona limítrofe entre preconsciente/consciente e interactuar con el símbolo (la imagen-recuerdo de su padre muriendo en el hospital) da lugar a la resolución instantánea de la dolorosa historia sin procesar que su cuerpo seguía llevando.
[18] Lo que en Medicina llamamos “síntoma” como manifestación subjetiva de enfermedad y que orienta al clínico hacia entidades nosológicas específicas, ha sido en esta historia (y de hecho siempre lo es)  una vía de inestimable valor para desentrañar la historia aun no escuchada que al ser asumida trae consigo integración, nuevos significados, nuevos comienzos.
[19] El relato de esta experiencia con más detalles, se puede ver en la siguiente liga Web: Prado FJ. BEFRIENDING FEAR: A STORY TOLD FROM TWO ANGLES The Folio 20 (12) 2007, 92-94. http://www.focusing.org/folio/Vol20No12007/11_BefriendingFear  pdf
[20] La experiencia de focalizar implica cuatro niveles de interacción: el fisiológico, la interacción con el entorno, la interacción con quien facilita el proceso y la habilidad para simbolizar el proceso dando lugar a un cambio sentido que trae un cambio en toda la psico-neuro-inmuno-endocrinología-espiritualidad de quien enfoca. Estos movimientos se encuentran en todas y cada una de las historias de Enfoque relatadas en este trabajo. Los mecanismos psicobiológicos mediante los que el estrés es resuelto en cada situación se pueden revisar en El procesamiento del estrés y sus efectos sobre nuestros mecanismos PNIEndocrinos http://bibliotecaparalapersona-epimeleia.com/greenstone/cgi-bin/library.cgi?e=p-01000-00---off-0presenta--00-1----0-10-0---0---0direct-10---4-------0-1l--11-es-50---20-about---00-3-1-00-0--4--0--0-0-11-10-0utfZz-8-00&a=d&cl=CL1
[21] Esta historia puede ser vista en: Focusing in a medical practice. Staying in Focus. VII, (2), May 2007.* By JUAN B. PRADO FLORES, M.D., Mexico. English (PDF 406KB) http://www.focusing.org/newsletter/may2007/may_2007_newsletter pdf
[22] La acuciosa investigación y el genial talante filosófico de Gendlin han dado cuenta claramente de que los cambios que acaecen en quien hace el ejercicio de Focusing no sólo vienen en relación al asunto propiamente enfocado, sino que afectan positivamente otros muchos aspectos en la vida de la persona y aún su entorno. A esta característica del Focusing él le llama “Aplicación Global”: “…Se puede estar seguro de que para cada relación o aplicación que el individuo piensa explícitamente, hay miles de significados en los que no piensa, pero en los que algo, sin embargo, ha cambiado”, reestructurándose así la personalidad. Ver http://www.focusing.org/personality_change.html. Hay una versión en español hecha por mi amigo chileno Edgardo Riveros.
[23] Es imposible saber a dónde nos está llevando cada paso del proceso de cualquier ejercicio de Enfoque y menos aún predecir a dónde vamos a llegar. Sólo retrospectivamente tomamos consciencia de ello al darnos cuenta que cada movimiento y el proceso en su conjunto han tenido, sentido, dirección, propósito, al haber llevado adelante el asunto, problema, situación o acontecimiento, accediendo así a un nuevo y liberador significado.
[24] Lo relatado aquí parece ir a las profundidades de la Teoría del Enfoque de Gendlin. Para mi amigo, Bruce Nayowith M. D., estudioso de las diversas formas de conocer que tiene el ser humano, me dice que una posible explicación es que el cerebro del que facilita el proceso (en este caso el del autor de este trabajo) está funcionando en una frecuencia menor a la habitual, la cual es transmitida a quien hace el ejercicio de enfoque y que esto facilita una apertura a lo que está por venir, esto es, la resolución de asuntos que de otra manera serían inaccesibles. Nayowith me lo dice en estos términos:
"Estimado Dr. Juan, acabo de leer tu muy interesante archivo. Wow! ...estoy de acuerdo que ALGO pasa durante el Focusing que es muy profundo.
...Hay otros canales además del sentido corporal. Algunas personas han tenido experiencias de saber algo que no son un sentir corporal... y estas cosas VIENEN durante el proceso de poner atención adentro, porque (¿quizás?) el cerebro está operando con una frecuencia más lenta que la normal. El que escucha y el que hace Enfoque hacen una pausa y se abren a lo que va a venir. Puede ser que tú tengas algunas ‘capacidades especiales.’
Me parece que cuando tú escuchas MIENTRAS al mismo tiempo la otra persona ofrece su atención dentro de su cuerpo, un tipo de puente o conexión se forma entre tú y la otra persona (y con algo del espíritu) -algún canal o frecuencia que tú puedes recibir, o tener un tipo de conexión en varias formas:
- captando cambios en el rostro de la otra persona que tienen correspondencia con algo que está pasando dentro de ella. ¿Arquetipos?
- un sentido de presencia de fuerzas o energías espirituales (de Dios o algo malo o de algo sagrado)
- y quizás hay un tipo de trasmisión de energía o algo muy saludable (healing). Porque me has descrito muchos casos de sanación de problemas muy profundos, muy hondos -¡EN UNA SOLA SESION de Enfoque! esto es un nivel de "éxito" muy raro, ¿no lo piensas tú así? ¡Los casos que me mandaste son milagrosos en verdad!
Pienso que lo que está pasando es algún tipo de intercambio de energía saludable...
Me parece que tú tienes el "regalo" de poder ofrecer "algo de Dios" a otras personas durante el proceso de Focusing. Pero lo que allí pasa es más de lo que generalmente sucede en una sesión de enfoque entre otros compañeros de enfoque.
Quizás tú trasmites y recibes otras frecuencias. Una persona que está teniendo una visión de salud, o de amor, puede trasmitírsela a otra persona (porque en un nivel profundo todos estamos conectados) - O ¿quizás hay un puente de sanar que abre cuando la persona enfoca dentro de sí misma y tú la enfocas a ella?
Hay algunas teorías de cómo se da esto. Stan Grof describe varios niveles -el biográfico, el prenatal, el transpersonal (vidas del pasado, experiencias espirituales) .....
Los problemas pueden tener sus raíces en uno o más de estos niveles...
Jane Bell, una maestra de Focusing, me dijo que aquellos a quienes acompaña ella, muchas veces tienen experiencias shamánicas (ella ha hecho muchas jornadas shamanicas). Quizás ella está transmitiendo o recibiendo en estas frecuencias. Sin duda, el Enfoque es diferente cuando Jane escucha, que con otro acompañante. Y nunca dice Jane nada de su interés en el shamanismo, nunca les da Jane sugerencias de shamanismo tampoco.
Rudolf Steier (que fundó las escuelas Waldorf) tenía la capacidad de la visión espiritual. Con ésta, podía saber muchas cosas que eran invisibles a muchas personas...
¡Muy interesante! Y más importante, ¡tú has sido bendecido (blessed) con este regalo tan bueno! Conozco a muchas personas con dones diferentes o capacidades especiales, pero no conozco a ninguna otra en la comunidad de Focusing con esto como tú. Quizás las hay, pero no las conozco.
He tenido experiencias espirituales de vez en cuando, pero de tipos diferentes a las tuyas.
Ya es tarde, mejor que me acueste ahora...
Hasta pronto,
Bruce”.
[25] Algo que definitivamente estimula la práctica de acompañar a otros a enfocar es el desarrollo tanto de las habilidades intuitivas como del funcionamiento de las llamadas neuronas espejo o neuronas de la empatía. El filósofo, psicoterapeuta, autor, coordinador del Instituto de Focusing de España Tomeu Barceló Roselló me escribió tras compartirle ésta y otras experiencias al acompañar a enfocar:
“Me gustaría transmitirte que tu carta me emocionó y realmente sentí conexión con algo que me suele suceder y a veces le encontramos pocas explicaciones racionales.
Llevo años intentando, como filósofo, discernir sobre esta experiencia que ocurre en nuestro cuerpo cuando realmente estamos presentes con/junto al otro y me parece que la empatía corporalmente sentida es la máxima expresión del acompañamiento.
He publicado mis conclusiones en la revista Miscelánea Comillas. Revista de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Pontificia de Comillas, Vol 66 (2008) núm 128 en un artículo que se titula "Cuerpos que escuchan. El acontecer de la empatía desde el proceso del enfoque corporal". También en el libro ALEMANY, C. (2007) Manual práctico del Focusing de Gendlin, de la editorial Desclée, hay un capítulo que escribí sobre Focusing y empatía y pronto se va a publicar un nuevo libro mío sobre ese asunto en la editorial Desclée que lleva por título "Entre Personas. Una mirada cuántica a nuestras relaciones humanas" (me dicen que va a salir en diciembre).”
Y en relación a otro material que le envié y que se encuentra en mi blog (ver: Una aluminita de Enfoque "acompaña" a su papá, 22 sept. 2011), me dijo, entre otras cosas: “Maravilloso documento. Veo que tienes una extraordinaria capacidad para esta empatía experiencial y deseo que continúes acompañando los procesos de las personas que más lo necesitan.
Un abrazo
Tomeu Barceló”.
[26] “Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome, sobre todo en mis debilidades…pues cuando soy débil, es entonces que soy fuerte”: 2 Corintios 12:10, B. J. Palabras que pueden resultar incomprensibles y hasta absurdas. Sólo el propio experienciar nos permite reconocer su veracidad, invitándonos a descubrir de dónde vienen y a dónde apuntan las experiencias de Pablo de Tarso que les dieron origen y que llegan a su plenitud en nosotros al darnos cuenta que el mensaje de cada una de nuestras “debilidades” es estar gloriosamente muriendo acogidos (como las células en apoptosis de nuestro organismo) amorosamente, en el seno de un Cuerpo Más Grande.
[27] Lo que hace diferente el proceso del Enfoque es que al interactuar el significado sentido con el símbolo ’es como estar muriendo’,  se experimenta un cambio que indica que el significado de lo que estábamos viviendo ahora es diametralmente distinto al anterior, con todo  y lo impactante que el símbolo pueda ser para la mente.
[28] Entre una contracción cardíaca (sístole) y la siguiente, nuestro corazón tiene un Periodo refractario relativo en el que un estímulo normal no logra una nueva contracción pero sí un estímulo supranormal, es decir, una descarga eléctrica muy fuerte. El corazón tiene también un “periodo refractario absoluto” en el que sea la descarga de la intensidad que sea, no se contrae; en ese espacio entre latido y latido nuestro corazón está muerto.  Lo que hace diferente el proceso del Enfoque es que al interactuar el significado sentido con el símbolo ’es como estar muriendo’,  se experimenta un cambio que indica que el significado de lo que estábamos viviendo ahora es diametralmente distinto al anterior, con todo  y lo impactante que el símbolo pueda ser para la mente.