¿Qué
sucede en tu cuerpo mientras experiencias el proceso
Bio-Espiritual
mediante el Focusing?
Dado que el desenvolvimiento de esta historia
es ilustrativo de lo que es el Enfoque Bio-Espiritual (Bio-Spiritual Focusing) ello me ha llevado a poner aquí, de manera sucinta, algunos (no
todos los) elementos implícitos[1] que se encuentran en esta y
en toda experiencia transformante. Al
decir implícitos, estoy afirmando que lo que surge al estar experienciado este
proceso no está ya formado, sino que es elaborado en el momento presente, de
manera que lo que pareciera ser anecdótico o anómalo no sólo nos abarca a
todos, sino que es, en realidad, el proceso del cambio instaurado en nuestra
naturaleza, el cual está dando lugar a una ampliación de la Conciencia sin precedentes
en la historia de la humanidad, lo que nos
lleva a experimentarnos como conciencia viviente de Lo Más Extenso, de Lo Sin
fin ni principio.
Este relato incluye mi personal y respetuosa invitación
a que experimentes en tu persona y en tu día a día lo que aquí te presento, experienciando
por ti mismo(a) lo que este proceso está haciendo ahora mismo en un cada vez
mayor caudal de seres humanos. Y si en alguna manera puedo contribuir a que algo
como esto suceda en tu vida, no dudes en contactarme.
Así que, con mi más grande agradecimiento
para Miriam Mendoza, vayamos a la historia[2] (sugiero leerla completa antes
de ir a mis notas a pie de página).
Miriam, madre de una recién nacida, solicita
una cita médica conmigo para que atienda a su bebita. Al llegar, me consulta acerca
del problema de su hija de 28 días de vida, el cual se ha venido incrementando.
La tía materna de Miriam quien nos conectó y ahora las acompaña, trae en sus brazos
a la recién nacida.
Entre los antecedentes perinatales[3] está el que cuando Miriam
tenía 15 años, murió su hermana de 13 por anemia aplástica (su cuerpo no
producía elementos sanguíneos). Miriam se había casado cinco años atrás, pero
no había querido embarazarse; el embarazo vino aun trayendo implantado un
dispositivo intrauterino[4] (DIU).
La joven madre me dice, cuando le pregunto
por el motivo de la consulta: “Es que no
sé[5] qué le pasa a la niña doctor; si la cargo llora, si la visto llora, si la amamanto llora… ni
siquiera la he podido bañar, la baña mi mamá porque yo siento[6] las manos heladas, con un sudor frío, como con hielo por dentro;[7] como… ____[8] no sé.”[9] Mientras,
yo veo a la tía de Miriam con su sobrina nieta en sus bazos durmiendo
plácidamente. Al revisarla no encuentro nada anormal en ella, por lo que le
digo a Miriam: “Señora,
su hija está sana, ¿siente[10] que
hay algo que le impide disfrutarla y aun bañarla?” Viéndome fijamente a los ojos y tocándose
con inquietud sus manos, instantáneamente me dice: “¡Sí doctor, mis manos!”[11]
Por mi contacto con el Enfoque Bio-Espiritual sé que la joven madre ‘sabe’[12] que en la sensación que
tiene en sus manos está expresándose el problema existente entre ambas. Acorde
con ello, le digo que sé de un procedimiento que quizá le aclare qué es eso en
sus manos que le impide no sólo disfrutar,
sino aun bañar a su hija, y le
pregunto si estaría bien que lo lleváramos a cabo.[13] Me contesta que sí[14] y comenzamos el siguiente
ejercicio de Enfoque Bio-Espiritual en su versión corta.
Vea –le digo- si se siente
bien cerrar sus ojos para que no la distraiga nada de afuera. Asiente
instantáneamente[15] y al hacerlo, le pido que
vea si puede entrar a su cuerpo y desde dentro de él, contactar con eso en sus manos que tiene que ver con
el llanto de su hija al atenderla.[16]
Cierra sus ojos y detecto cierta inquietud. No
se trata –le hago saber- de buscar respuestas ni explicaciones, tampoco de calmar,
minimizar ni de eliminar lo que siente, sino se trata de quedarse unos momentos de manera respetuosa simplemente sintiendo eso que está en sus manos. Tras uno a dos minutos de estar en silencio[17] súbitamente abre sus ojos
con sorpresa y angustia y los fija en los míos. Yo tranquilamente le digo que estoy
con ella y que vea si está bien volver allí adentro.[18] Vuelve a cerrar sus ojos,[19] pero sigue tensa.[20] Entonces le pregunto si ha venido
algo, tal vez una palabra, una imagen, un color, un recuerdo… De inmediato me dice: “Sí, estas palabras: ‘Nunca vas a ser una buena mamá para tu hija’”. [21] Sorprendido, le reflejo estas palabras de manera empática[22], al tiempo que le pregunto
si ellas se conectan con la sensación de sus manos antes referida y me contesta:
“¡Sí!”[23],
sin dudar.
Entonces la invito a que vea cómo se siente todo esto[24] dentro de ella. En lágrimas y casi instantáneamente
me dice: “¡Muy triste!”[25] Le reflejo esas palabras desde mi propia sensación corporal sentida y
serenamente le digo que vea si está bien
estar unos momentos con eso triste,[26] pues ella había vuelto a
abrir sus ojos como interrogándome y/o interrogándose si no sería mejor salir de
allí y dejar eso. Le digo que está
bien sentir esa tristeza y vuelve a cerrarlos. Entonces le digo que vea dónde[27] en su cuerpo se siente esto tan triste. Se
queda buscando ese lugar y enseguida[28] extendiendo su mano por todo su pecho me dice:
“Aquí”[29]. ‘Aquí’, le reflejo[30] y le digo que parece que ese lugar triste
también esté necesitando[31] que le demos[32] una respetuosa acogida.[33]
Me contesta que lo intentará y poco después y
más tranquilamente, me hace saber que lo está haciendo. Le digo que vea si
puede quedarse ahí, esperando por si, como sus manos, ese lugar[34] también tiene algo que decirle,
tal vez mediante una imagen, un recuerdo, una palabra, otro sentimiento…[35] Casi instantáneamente, y con
un llanto que viene de muy adentro me dice entrecortadamente: “Es
un recuerdo…, es cuando estoy con mi hermanita en el hospital…, la tengo en mis
brazos, se está muriendo… estamos ella y yo solas.”[36] Con el impacto que recibí al
escucharla se me humedecían los ojos.[37] Al preguntarle, desde la conexión
empática conmigo mismo a la vez que
con ella, ¿Cómo se siente todo esto?, contesta tras una breve pausa: “¡Con
mucho dolor!”[38] Se lo reflejo y le digo ¿Dónde
en su cuerpo está este grande dolor?[39] Se toma unos instantes y, con
el llanto fluyéndole posa delicadamente la punta de su dedo índice derecho y me
dice: “Aquí… en mi corazón.”[40]
Entonces le propongo que vayamos[41] a ese lugar transido de
dolor a darle nuestra presencia aceptante, amorosa, acogedora, tal y como lo
hicimos con la sensación de sus manos y con la de su pecho. Ella lo acepta. Le
digo que se tome todo el tiempo que necesite dale su acogedora presencia al
dolor sentido en su corazón.
Permanece
con eso como unos tres o cuatro largos minutos[42] (su tía, que había salido con la bebita de mi
oficina, estaba inquieta, así que le hago la seña de que ya estamos por
concluir) y comienzo a ver algunos cambios en ella: su llanto ahora es
apacible, su semblante, de lívido, pasa a sonrosársele, su respiración antes
entrecortada se ha suavizado; su cuerpo luce relajado y toda ella tiene una
expresión como de alivio, de bienestar, de tranquilidad.[43] Entonces le digo que vea si hay algo más que necesite
ser atendido. Se toma un tiempo revisando interiormente y con una leve sonrisa
me dice que no, que: “¡Ya todo está bien!”[44]
Admirado, se lo reflejo y le pregunto si todo
esto que ha recibido ha dejado una sensación como de bienestar, de
agradecimiento… a lo que, insinuándosele una suave sonrisa, me responde “desde hace ratito he estado dando gracias
por todo lo que ha venido”.[45]
Entonces le digo que, suavemente, vaya abriendo
sus ojos. Lo hace como viniendo de un lugar muy profundo, como reconectándose
lentamente con el mundo exterior. Y ya que lo siento oportuno, habiendo
regresado de su experiencia[46] concluimos el ejercicio.[47]
Al constatar
que se ha reconectando con el entorno, le pregunto: ¿Cómo se siente ahora,
Miriam? Busca palabras y como con una chispa de luz en su mirada, me contesta: “Con
ganas, doctor, de llegar a mi casa y bañar a mi hija”.[48] Se lo reflejo y le pregunto si siente que este
deseo proviene o se conecta con lo que acaba de vivir, y me dice “¡SÍ!”, sin dudarlo.[49] Yo simplemente le digo que ella decide si
está bien llevarlo a cabo.[50] Ya se imaginarán lo sorprendido, y la agradable
sensación de bienestar que me inundaba por dentro.[51]
Se van y a los 15 días regresan madre e hija
a la consulta pediátrica de control, pero ahora las acompaña la madre de
Miriam. De inmediato y, sin terminar de tomar asiento, la abuela de la pequeña me
habla del cambio completo[52] que había visto en su hija al tiempo que me
dice que ella era quien tenía que bañar a la niña porque Miriam no podía
hacerlo. Le respondo que yo estaba enterado de ello. Entonces me dice: “Cuando
llegué del trabajo por la noche pregunté, ¿Ya está todo listo para bañar a la niña?, y qué cree doctor que
me respondió mi hija: “Ya la bañé mamá.[53] ¡Yo no lo podía creer,
doctor!”, concluye la abuela. Entonces comenta candorosamente la joven madre: “Y ahora doctor, la niña llora, pero no
cuando la baño yo,[54] llora cuando la
baña mi mamá”.
La bebita no volvió a responder con llanto a
los cuidados de su madre y Miriam no tuvo más esa sensación de “frialdad” en sus manos. Tampoco volvió a
sentir que ‘nunca sería una buena mamá’. El asunto madre-hija[55] junto con la dolorosa historia
que Miriam había estado cargando por años, había sido resuelto[56] con solo atender su cuerpo con sus
sentimientos y sensaciones.
Después, Miriam me pidió que la acompañara a atender otros asuntos
delicados mediante esta técnica/proceso. Ella aprendía y ponía en práctica los aprendizajes
básicos de cómo atender los asuntos complejos, detenidos, pero,
fundamentalmente en cuanto a la manera de estar presente ella, para ella misma
y para sus cosas interiores.
Tiempo después y tras varias consultas pediátricas
sucesivas chequeando el estado clínico, la buena evolución de la pequeña Karen
y la armoniosa interacción entre ambas, le pedí a Miriam su autorización para
compartir su experiencia a fin de ejemplificar lo que es el Enfoque
Bio-Espiritual. De inmediato ella me la otorgó.
Pasó el tiempo y en otra ocasión, después de
haberle pedido en otros momentos que por favor me pusiera por escrito lo que
había sucedido dentro de ella durante su ejercicio de Enfoque me contestó que
se le había dificultado terminarlo,[57] pero que me quería compartir
algo que le había ocurrido recientemente.
Asentí y me contó que, desde la muerte de su hermana, ni ella ni su madre
podían pasar frente al hospital donde la niña había muerto y que, si no podían
evitarlo, por lo menos se cruzaban a la acera de enfrente.
Pero recientemente -me dijo- tuve a una prima
que es madre soltera internada en un hospital gineco-obstétrico. Fuimos mi mamá
y yo a verla pues la noticia era que estaba gravísima y queríamos despedirnos
de ella antes del desenlace final. La Asistente nos dijo que estaba en la
Unidad de Cuidados Intensivos de adultos (UCIA) y que sólo podía pasar a verla una sola persona. De
inmediato decidí entrar yo.[58] Como la buscaba visualmente y no la
encontraba, el médico me dijo, ¿a quién buscas? Le di el nombre de mi prima y
me dijo: “¡Es ella!” Teniéndola enfrente, no la reconocía, doctor, pues estaba
muy pálida, hinchada, deforme, conectada a muchos tubos y rodeada de aparatos.
El médico me dijo: “Habla con ella”.
Yo no sabía si hacerle caso o no, porque me parecía o que se estaba muriendo o
que ya estaba muerta. Al acercarme a ella me di cuenta de que respiraba (estaba
conectada a un respirador). Mientras le decía que era yo Miriam, y que había
ido a visitarla, saqué mi cepillo de pelo, me puse a cepillarle el suyo[59] y le hablaba de cuando jugábamos y hacíamos
muchas cosas juntas, de nuestras travesuras, de cuánto nos queríamos y divertíamos.
También le decía que, aunque mi familia no estaba de acuerdo con su manera de
vivir, yo la quería; que su hija de tres años la necesitaba, y que, de verdad
quería que viviera… Y cuando me di cuenta, doctor, le estaba escurriendo una
lágrima[60] por aquí, -me dijo Miriam-
señalándome la comisura externa palpebral derecha.[61] Al escucharla se me rasaban los ojos. Ella
continuó: Cuando salí de mi visita a mi prima, ya mi mamá no estaba, no había
soportado permanecer en la sala de espera del hospital.[62]
Su prima rápidamente se recuperó. Al
preguntarle a Miriam si la manera como había estado con su prima en tan crítico
estado, tenía que ver con la ternura y el afecto que ella le había dado a sus
propios asuntos, me dijo que precisamente quería compartirme que la manera tan cercana
como se había sentido acompañada y sostenida durante sus ejercicios de Enfoque
la llevó a tratar de la misma manera a su prima hospitalizada.
Entonces le dije: yo creo que lo que hiciste
libró de morir a tu prima. Con sencillez, ella me confió que al recuperarse y
salir del hospital su prima le había dicho exactamente lo mismo; que había
tomado la decisión de morir pues ya nada ni nadie, incluida su hija, le
importaba, pero que cuando Miriam estuvo con ella, al escucharla, veía que un sabio,
amoroso Anciano de luenga barba vestido con una blanquísima túnica[63] amorosamente le decía, en la
voz de ella (de Miriam) lo que Miriam le estaba diciendo, incluso su prima le
dijo ‘yo sabía que eras tú quien me hablaba, pero era ese amoroso personaje el
que me lo decía’,[64] y que eso que recibió y la
manera como se lo dijeron, la llevó a tomar la decisión[65] de
regresar a vivir su vida en este plano.[66]
Lo más impresionante es que esa decisión de
su prima ocurrió cuando estaba en estado de shock
séptico (un alto porcentaje de las mujeres que se infectan tras un aborto inducido,
mueren en estado de septicemia) es
decir, sin una adecuada perfusión
sanguínea de su cerebro, lo que teóricamente impide tomar una decisión como la
de decidir volver a querer vivir. En estas condiciones, ella llegó, como lo
hacen muchas personas que viven una experiencia cercana a la muerte (ECM) a
tomar la trascendental decisión de optar por la vida[67] junto con iniciar una
diferente y transformada manera de vivir.[68]
Tiempo después Miriam pudo poner por escrito
su experiencia y me la dio para compartirla, lo cual ahora hago para ustedes
con mi agradecimiento para ella.
Si lo relatado como mi experiencia al
acompañar a Miriam en su proceso puede ser sorprendente, en su escrito ella
comparte algo del proceso interior, corporal, que le dio salud a ella, a su
hijita, a la relación entre ellas, a su prima con su hija, etcétera.
Miriam describe así el desenvolvimiento del proceso experiencial corporal, y los
efectos en su vida, en sus relaciones familiares e interpersonales; efectos positivos
que le siguen fluyendo hasta el día de hoy:
Al comenzar el
ejercicio de Enfoque, enfrento el enorme monstruo que es el miedo.[69] A partir de haber tenido esta experiencia, el cambio en mi vida fue
completo. Y no solamente cambió la mía, sino también la de mi familia.
Antes, yo sentía que
la vida no tenía sentido.[70] Había perdido a mi hermana. Mi madre había
sido madre soltera y yo tenía que cuidar de mis hermanos y de mi casa.
Estaba falta de
cariño. Toda mi vida no habían sido más que puras responsabilidades. Tenía
miedo de casarme y de tener mi propia familia.
Era una persona
que no sabía expresar lo que sentía. Me daba miedo querer y no sabía cómo
tratar a las personas.[71] Cuando me casé empezaron los problemas.
Uno entra al
Enfoque y empieza a sentir incertidumbre por lo que comienza a descubrir, pero poco a poco vas dándote cuenta
que es maravilloso lo que encuentras y lo bien que se siente estar ahí. Empiezas
y es todo oscuro, negro. Es como un cuarto en tinieblas y sólo después de tanta
oscuridad y soledad, a lo lejos se ve un punto de luz.[72] Te acercas a ese punto, pero cuesta mucho llegar hasta allí.[73] Se hace eterno el llegar a alcanzarlo.
Al llegar a la
luz[74] vi una niña llorando de tristeza, de miedo, de soledad. No sabía esa
niña para dónde ir. Al acercarme[75] a ella comenzaron a moverse todos mis recuerdos; sobre todo los más
tristes que había vivido.[76] Todos eran acerca de la niña. Hubo un momento en que yo quería salir
de allí.[77] Quería irme y dejar todo eso, pero una confortante voz me hizo tener
fuerzas para seguir presente a todo[78] lo que venía. Y cuando me di cuenta ya no
tenía miedo.[79] Era bonito estar viendo todo
eso.[80] Conforme se me fue quitando el miedo iban llenándose de más y más luz
esos recuerdos.[81] Poco a poco la niña dejó de llorar. Entonces se levantó y todo se
iluminó.[82] Fue cuando finalmente le vi el rostro y sonrió que se convirtió en la
adulta que soy.[83] A lo lejos había un camino verde, lleno de
flores y un cielo azul. Sentía tanta felicidad que pude atender esos recuerdos
uno por uno, sin miedo, tranquilamente. Entre esos recuerdos estaba el más
doloroso que había vivido. Me acerqué a donde lo llevaba y vi a mi hermana que
había muerto. Puede estar con ella en ese lugar.[84] Lo vi pasar todo desde su enfermedad. Fue maravilloso vivir esa
experiencia[85] pues le pude decir cuánto la quería y dar gracias por el tiempo que
Dios me dejó compartir con ella[86] y por haber sido mi hermana.[87]
Después vinieron
los momentos felices que se me habían olvidado o los había dejado en un rincón.
Fueron muchos y grandes.
Caminé y vi a mi
familia que entonces era mi esposo y mi hija que acababa de nacer. Estaban
felices, esperándome con los brazos abiertos.
¡Y comenzó la
felicidad![88]
Miriam Mendoza.[89]
El contexto en el que se ha dado esta
historia es muy personal, pero el fluir de cada experiencia pone en acción los
recursos que todos tenemos autopropulsando y llevando adelante cada situación
humana mostrando que la humanidad está llamada a ir adelante mediante esta
sencilla técnica-proceso. Así que esta historia nos deja ver con claridad el
enorme potencial de salud, integración, desarrollo que trae consigo el echar a
andar los recursos corporales que todos tenemos, recursos que en realidad, los somos,
generando cambios profundos, permanentes y progresivos con sólo atrevernos a
atender nuestros asuntos inconclusos tal y como los estemos sintiendo.
Simplemente ve cómo esta joven mujer transitó[90] sucesivamente desde “nunca voy a ser una
buena mamá…”, hasta: “… ¡ya todo está bien!”, mediante pasos
ensamblados que tenían el propósito de generar nuevos significados imposibles
de determinar a priori, pero con una
clara dirección de vida nueva.[91] Hoy
pues, sabemos de manera probada y comprobada, que este modelo conlleva un
proceso de desarrollo que todos los seres humanos tenemos a nuestro alcance.
También puedes ver que llevarlo a cabo no es algo complicado, sino que, su desenvolvimiento
y resolución fluyen desde nuestro interior, lo cual, además y como Miriam, ¡disfrutamos!
Toda relación madre/hijo(a), como la que
llevó a Miriam a pedir ayuda, comienza en la futura mamá antes incluso del
inicio de nuestra gestación biológica, así que todos los seres humanos tenemos
enfrente el reto de conocerla, asumirla y resolverla, para lo cual,
afortunadamente ahora contamos, con este modelo que ha estado probando y
comprobando su eficacia, de lo cual, esta historia es un bello testimonio.
Si tú eres como yo, seguramente habrás estado
buscando soluciones para algún asunto (inconcluso, doloroso, reprimido), por
medios puramente mentales. Afortunadamente hoy sabemos y constatamos que no es
cuestión de conocer a detalle de dónde y cómo aparecieron nuestros problemas,[92] sino que, gracias a poner a
trabajar estos recursos, podemos incluso decir que no se trata de solucionar
nuestros asuntos problemáticos, sino de permitir que su resolución se nos dé al estar presentes para ellos de la manera
como aquí se ha dado. Así que, si este escrito te motiva a probar el hacer
Focusing, tienes a tu disposición este material para, con él, acceder a tus
propias experiencias, tanto a las que has disfrutado como a las dolorosas, pues
todas y cada una implican un inagotable MÁS (Gendlin) de ti mismo que se
encuentra en las profundidades de tus tejidos corporales luchando por serte
revelado, de manera que te vayas conociendo, aceptado y amando a medida que
recibes y asumes las historias que yacen dentro de cada célula y en cada tejido
de tu cuerpo.
Y si tienes dificultad para acceder a ese
nuevo paradigma, aquí te dejo mi dirección para trabajar tú y yo, juntos, esta
absoluta novedad.
Si gustas, puedes compartir esto con alguna o
algunas personas interesadas en su crecimiento, desarrollo bio-psico-espiritual.
[1] Al
referirse a esto, dos grandes investigadores/innovadores, Eugene T. Gendlin (1982.)
descubridor del Focusing (ver Focusing.
Proceso y Técnica del Enfoque Corporal. Ed. Mensajero. España. (1982.) -a
quien le dedico ese escrito-, y David J. Bohm (https://www.revistasinrecreo.com/wp-content/uploads/2015/11/Bohm-David-La-Totalidad-y-El-Orden-Implicado.pdf) quienes,
sin haberse conocido personalmente utilizan casi el mismo lenguaje al
referirse a la concepción del Universo unificado e indiviso que nos contiene y
contenemos; Gendlin desde la Psicoterapia experiencial y la Filosofía de lo
implícito y Bohm desde la Teoría de la Relatividad y la Mecánica Cuántica,
teniendo acceso y adentrándonos en lo que ahora se nombra como la
Supraconciencia que habitamos, que somos, que nos habita, guía, sana,
transforma.
[3] La consulta médica pediátrica comienza con la recopilación
de datos que los médicos englobamos con el nombre de “Antecedentes perinatales”.
En retrospectiva se podrá ver la importancia de estos antecedentes relatados
por la madre de la pequeña y su conexión con los hechos que tendrán lugar.
[5] Obviamente el subrayado es mío. Al decir Miriam este “no sé” …. parece que tiene la expectativa de que, al consultarme como pediatra, yo le diga por qué su hija responde con llanto a sus cuidados maternales y que mi respuesta la oriente y/o le dé la solución a su doloroso problema. Como médico, yo pude haberme decantado por tratar de dilucidar mentalmente este no sé, e incluso, utilizar mi autoridad profesional para dale algunos consejos, como qué hacer para calmar a la pequeña, como acercase a ella, qué hacer antes de tocarla, y mil etcéteras.
[18] Pese al momento de incertidumbre que estaba viviendo, Miriam pudo acoger mi sugerencia de volver a su cuerpo para seguir en conexión con lo que estaba surgiendo dentro de él.
[21] ¿De dónde le vino a Miriam esta impactante declaración? Esto mismo te preguntarás cuando tengas tus propias experiencias bio-espirituales, o lo confirmarás si ya las has tenido. Por ahora, simplemente date cuenta de que si hubiera provenido de sus procesos puramente racionales hubiera sido devastador para ella. En cambio, cuando un símbolo como este (y otros más que vendrán) se van integrado en un todo mayor, el resultado es, por decirlo de alguna manera, milagroso.
[23] Gracias a la investigación de Gendlin, plasmada en su Filosofía de lo Implícito y en su Terapia Experiencial, hoy sabemos que la sensación sentida de Miriam en sus manos ha interactuado con la frase “nunca vas a ser una buena mamá…” ensamblándose y llevando adelante su delicado asunto. Más adelante veremos más de cerca lo que aquí ha pasado. Por ahora sólo quedémonos con que a esto es a lo que tanto Rogers como Gendlin le llaman congruencia: la capacidad (que todos tenemos) de experimentar fisiológicamente nuestros sentimientos y permitir que éstos se simbolicen con precisión.
[25] Miriam ha podido verbalizar lo que está sintiendo: ¡tristeza!
Se trata de una
vivencia en la que no solo no hay certeza alguna ni caminos trazados, sino una
intensa sensación de vulnerabilidad, vulnerabilidad
que lejos de ser una manifestación de debilidad, entraña, como veremos, un enorme poder trasformador. Estamos en lo no racionalmente discernible,
en lo no predecible ni mentalmente controlable. Estamos en territorio místico,
sagrado.
Puedes
darte cuenta de que el eje de donde parte el proceso Bio-espiritual es nuestro SENTIR,
a veces placentero, a veces intenso como ahora, lo cual, paradójicamente, es
más llevadero que el sólo pensarlo.
Así que al pedirle
que vea dónde está ese lugar “triste”
dirigimos su presencia a lo que está surgiendo en su cuerpo. Se trata de apoyar
el que Miriam le dé su presencia aceptante a ese lugar triste, permitiendo que
sea el propio cuerpo el que lleve adelante el movimiento de avance.
[33] Es inestimable la importancia y la trascendencia del papel de la presencia cálida, acogedora (carrying-feeling-presence) que quien la está acompañando le está dando a ella, lo cual ayuda a crear el clima interior, la elevada ‘frecuencia vibratoria’ que permite que el cambio se dé. Esta poderosa presencia también nutre la interacción entre quien enfoca y quien acompaña.
[36] Al no haber Miriam reprimido ni suprimido el sentimiento de profunda tristeza y en lugar de ello llevarle una presencia acogedora, ha llevado adelante el proceso de simbolización de la experiencia, ¡cambiando su significado!
Con Gendlin:
“Usamos la palabra ‘simbolizar’ en un sentido raro pero cierto. Simbolizar aquí
no significa representar en símbolos”. Símbolo
es algo que viene al estar atendiendo un asunto físicamente sentido que se
expresa ya sea con una palabra (como en la frase: nunca vas a ser una buena
mamá…), una imagen, un recuerdo, lágrimas… en cualquier cosa que encaje, que ajuste,
que se adecúe al significado-sentido en el cuerpo, llevando adelante el proceso
y cambiando su significado. Ver Existencialismo y Psicoterapia Experiencial en
Psicoterapia Experiencial y Focusing. La Aportación de E. T. Gendlin, en C.
Alemany, Desclée De Brouwer, p. 50.
Ha venido el recuerdo/símbolo
que adentra a Miriam en el terreno de lo inédito, de lo inesperado, de lo
absolutamente novedoso. Es en las profundidades de su vulnerabilidad donde se
ha generado ese nuevo paso. Ya nos
dirá ella qué tuvo que ver esta simbolización con el duelo por la muerte de su
hermana. En la Filosofía de lo Implícito de Gendlin, encontramos la explicación
de este fenómeno: Lo implícito en la sensación de sus manos, se explicitó en: “nunca vas a ser una buena
mamá”. Y lo implícito en la tristeza físicamente sentida se explicitó en el
recuerdo de la muerte de su hermana. Al explicitarse lo implícito, ha llevado a Miriam a una comprensión más profunda y
a la resolución de un asunto reciente y de otro que, por años, ella había
estado cargando. En tal proceso, mente y cuerpo, cuerpo y mente han actuado
como un todo y no como partes de un rompecabezas. Ver: La
primacía del cuerpo, no la primacía de la percepción: cómo el cuerpo conoce la
situación y la filosofía. http://www.focusing.org/gendlin/docs/gol_2162.html
[37] Y me sigue sucediendo lo
mismo al recordarlo. Se ha dado una interacción empática de
respeto y aceptación incondicional entre Miriam y quien le acompaña, lo que resulta
en una bendición para ambos que yo sigo recibiendo, disfrutando, agradeciendo,
pues como también dice Gendlin, la simbolización de una experiencia contiene
una “aplicación global” (ver “Una teoría del cambio de la personalidad, arriba
anotada) para un sinnúmero de asuntos tanto en Miriam como en su acompañante.
[38] Otro significado sentido que habla de la extrema vulnerabilidad en la que Miriam se encuentra ahora, en la cual ha permanecido y dará frutos inmediatos, así como a corto, mediano y largo plazos como pronto veremos.
[40] Otra sensación con
significado o sensación sentida: (felt
sense: Gendlin) que, por
definición y como dijimos al principio, desde lo implícito, parece que está en vías de explicitarse.
[41] Al atender esta
propuesta, ambos creamos un clima en el que lo implícito se puede explicitar.
[43] El asunto inconcluso se ha
completado (resuelto) desde sus más profundas raíces corporales dejando …
[45] Por sí misma, Miriam ha dado el Sexto Paso del E B-E: “Nutrir y fortalecer” que consiste en que habiéndose uno dado cuenta de que el proceso se ha dado sin intervención del razonamiento mental, de algún tipo de inducción predeterminada, y sin intervención de la voluntad consciente, claramente uno siente que ha recibido un gran regalo. Así que para cuando yo se lo sugerí, ella ya lo había hecho, lo cual nos indica que el agradecer es consustancial a la experiencia misma de sentir/saber que ha actuado ahí algo benevolente sobre lo que no se ha tenido control alguno. Esto abona a que se trata de un proceso con dirección y propósito hacia lo saludable, ¡que nos viene de adentro!
[48]¿De dónde le vino a Miriam esta inusitada decisión?, ¿cómo llegó a ella?, no hubo una lista de pros y contras, tampoco una sugerencia de mi parte… Podemos decir que vino del propio proceso experiencial, es decir, que tal proceso que es ella misma, está comprometido con su propia salud sin haber dependido de nada exterior, es decir, sin que hubiera un proceso mental, racional, reflexivo, inductivo, deductivo o volitivo de por medio. Todo esto me condujo al recuerdo, corporalmente sentido, de un texto bíblico que antes de mis experiencias de Focusing y Bio-espiritualidad no había tenido el especial sentido que ahora tiene para mí: “Pero me formase un cuerpo y heme aquí dispuesto a hacer tu voluntad.” Ahora puedo ver que Miriam había llegado a una dimensión libre de bloqueos y resistencias que la empoderó para “hacer la voluntad de Dios” que es hacer lo amoroso/compasivo en favor de ella misma ¡y de su hijita! Pero todavía nos falta ver hasta dónde ha estado llegando este amoroso empoderamiento…
[50] En el E B-E no dirigimos a quien enfoca a la acción, pero si ésta aparece, propiciamos que la persona tome conciencia de que esa decisión proviene de lo que ha experienciado.
[60] Podemos decir que, acompañada por Miriam, su prima en estado de shock, había estado gestando algo totalmente novedoso e impensable; en esa lágrima, su prima Rocío ha simbolizado el proceso que ha ocurrido en su interior y que ha “llevado adelante” su propia problemática, como veremos adelante.
Al escuchar el relato de
Miriam me di cuenta del increíble poder sanador que todos llevamos dentro y que
puede ponerlo en acción alguien que está entre la vida y la muerte en una
unidad de cuidados intensivos.
[61]En sus enfoques, Miriam había experimentado
cómo atender sus propios asuntos detenidos, y ese aprendizaje
fue lo que hizo al atender a su
prima moribunda “salvándole la vida”. Pero ¿fue algo
aprendido?, o simplemente fue poner en acción el conocimiento implícito en ella
que se despertó al atender la situación con su hija. Miriam hizo algo similar
lo que hacía la Dra. Elisabeth Kübler Ross, al atender moribundos. Ver: Elisabeth Kübler Ross:
"La Mujer que Miró la Muerte a la Cara", La muerte, un amanecer (youtube.com)
[62] Ello parece indicar que no había
procesado el duelo por la muerte de su hija acaecida años atrás.
[63] Muchos
testimonios de personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte (ECM) se
refieren a estas figuras como seres de
luz o como ángeles que las envuelven en amor, las acompañan, las guían, las
empoderan y regresan de sus ECM transformadas y sin temerle a la muerte. Ellas
han tenido la experiencia directa de que sus ECMs les ha mostrado el
significado de su historia y el propósito de sus vidas. Mi querido amigo Jorge
Jordán, experto en respiración holotrópica, me ha dicho que para él ese
episodio no es sino el hacerse una sola cosa la conciencia de Rocío con la
Presencia-Conciencia mayor que nos envuelve, sostiene, nutre como sustento de todo
cuanto existe.
En muchas experiencias
cercanas a la muerte (ECM) la masa cerebral carente de perfusión sanguínea
debido al shock séptico (que puede ser también, hemorrágico, cardiogénico, neurogénico,
etc.) en que se encontraba su prima, había dejado de funcionar, dando libre
paso a material que no viene de su
mente, sino de, según algunos, de una conciencia Más Abarcadora. A este
dominio, algunos físicos cuánticos le llaman la no-localidad (Alain Aspect
Premio Nobel, su descubridor) señalando que estamos en una dimensión fuera del
tiempo-espacio. Ver: https://www.youtube.com/watch?v=Zpeo_mF5_gM&t=358s&ab_channel=NextLevelSoulEspa%C3%B1ol
[64] Desde una visión espacio-temporal, racional, Miriam y su prima Rocío funcionaban como dos seres humanos distintos, sin embargo, en la experiencia de Rocío, la voz era de Miriam y el amoroso mensaje se lo hacía llegar ese ser luminoso. Así que tal Figura y Miriam se habían hecho una sola y la misma envolvente, amorosa, acogedora y transformadora Presencia/Conciencia ¡en su prima!
Humildemente
siento que también abarca a quien acompañó a Miriam en el proceso que trajo
consigo la resolución del problema entre ella y Karen su hijita recién nacida y
todo lo que tuvo que pasar para que se diera esa interacción, lo cual recuerda
la noción de la unicidad de todo cuanto existe y del entrelazamiento cuántico
como disolución de la dualidad, así como el fenómeno de la “no localidad”
cuántica entre las múltiples dimensiones de la realidad.
[70] Con frecuencia tratamos de encontrar el sentido de nuestra vida fuera de nosotros, dejando de lado los recursos interiores que todos tenemos disponibles para encontrarlo.
[77] Puede ser aterrador estar en un lugar como este. Sólo démonos cuenta si en lo cotidiano no tratamos de sustituir los momentos y las situaciones dolorosas por otros y otras menos atemorizantes, lo cual conocemos ahora como “mecanismos de evasión de proceso” que nos encierran en patrones adictivos. Ver: What Holds the Myth in Place?, en “Más allá del mito del dominio…”, nota a pie de página No. 56.
[84] Ese lugar no estaba
en “el más allá”, Miriam lo encontró ¡dentro de sí misma! Obviamente,
trascendiendo desde su propio cuerpo, el espacio/tiempo. En esta experiencia Miriam
resolvió su miedo a la muerte y, como vimos antes, creó dentro de ella el
espacio para luego ir con su prima moribunda, acompañarla al decidirse por la
vida y encontrar un nuevo sentido existencial. Se trata, sin dejar dudas para Miriam,
de un encuentro vivo con su hermana trascendida cuyos efectos instantáneos
se hicieron permanentes dando lugar a la resolución de su duelo.
[85] En estas
ligas se puede ver cómo el contacto con seres fallecidos mientras se enfoca, es profundamente sanador: https://www.focusing.es/en-foco_revista/en_foco_2.pdf, pág.
41 y https://www.focusing.es/en-foco_revista/en_foco_3.pdf, pág.
34. Esto nos lleva a preguntarnos qué tan cercanamente a una ECM puede
conducir un ejercicio de E B-E o quizá mejor, que podemos atender nuestras
pérdidas, nuestros duelos, nuestros asuntos detenidos sin necesidad de tener
una experiencia cercana a la muerte.
El enorme contraste
experimentado entre el “antes” y el “después” de la experiencia bio-espiritual,
es un importante factor que nos dirige hacia la toma de conciencia de la
gratuidad y del poder sanador que nos habita y que, de hecho, lo somos. El
momento en el que se da esta transición, sea al enfocar o sin estarlo haciendo formalmente, se puede sentir físicamente cómo entra en acción
algo nuevo, liberador (E. T. Gendlin).
[87] En esa dimensión
experiencial Miriam se encontró con su hermana trascendida, estuvo
dialogando con ella, disfrutándola, agradeciéndole… y resolviendo el duelo por
su muerte que había estado afectando su vida, su intimidad, su familia, sus
relaciones… por todo ello, Miriam se encontraba profundamente agradecida.
Lo que aquí, en el
Focusing y la Bio-espiritualidad llamamos “experienciar”, incluye varias cosas:
1) sentir tu cuerpo por dentro, sin
analizar, sin juzgar, sentirlo sin interpretar, sin elucubrar, sin inyectarle
nuestras expectativas, ni las dulces ni las catastróficas; 2) recibir lo que estás sintiendo como
sea que lo estés sintiendo 3) esperar
que lo implicitito se simbolice (no siempre la simbolización es inmediata como
tampoco el cambio sentido). Todo esto pausando tu mente. 4) Y para compartirlo, debes estar en contacto
con tu experiencia, y dejar trabajar tus procesos mentales para ponerlo en un
lenguaje que resulte comprensible para quien o quienes lo escuchen. Todo esto ha
hecho Miriam.